Con cautela, Roberto Lavagna ausculta el proceso. Expectante, rastrea los movimientos de Mauricio Macri a la espera de un anuncio que desea hace tiempo: que el líder de PRO decida, finalmente, que se lanzará a la disputa porteña y le despejará el duelo presidencial. Si ocurre, el ex ministro podrá ufanarse en privado: al igual que sus colaboradores más estrechos, Lavagna apostaba a que más allá de sus devaneos, Macri se volcaría a la Ciudad. Con eso, el panorama nacional se despejaría y lo ubicaría como el principal candidato anti-K.
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Ayer, hasta el radical Gerardo Morales veía como posible un acuerdo entre el ex ministro y el presidente de Boca si éste se presenta en la Capital Federal.
En su laberinto, el macrismo admite casi como irreversible que eso se produzca. Lo cual, aun a desgano, reabre una puerta que parecía clausurada: la negociación entre lavagnistas y macristas para sellar, si no una alianza, al menos un pacto de no agresión y de respaldo mutuo. «Siempre hubo más diálogo que el que se supo», dijo ayer un hombre que sigue de cerca los pasos de Lavagna. Y admitió que, con el presidente de Boca prácticamente decidido a competir en la Capital, resurge la alternativa de lograr un entendimiento. El optimismo que expresa ese operador se refuerza en boca de otros armadores del lavagnismo que sostienen que -todavía en teoría- sin Macri en la grilla presidencial, desaparece el principal factor de rispidez y disidencias entre Lavagna y el jefe de PRO.
Por lo pronto, cerca del ex ministro nadie dará un paso ni emitirá palabra. Ahora la intención es evitar que Macri, como se presume, quiera planificar un armado nacional que excluya a Lavagna. De allí la posible postulación presidencial de Ricardo López Murphy. Se moverán, entonces, con pies de plomo a la espera de que Macri anuncie su jugada.
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