El obispo de mejor relación con el gobierno es el titular de Luján, Rubén Di Monte. Quizá porque depende de Roma y no está sujeto, como otros colegas, a su relación con el jefe del episcopado, Jorge Bergoglio. Esa libertad le permite a Di Monte actuar sin limitaciones en su tarea de pastor. Por ejemplo, como lo hizo esta semana, entronizar una imagen de la Virgen de Luján en dependencias del Colegio Militar de la Nación. Una sede cuyas imágenes atiende en persona el Presidente, que esta vez no dirá nada como profeso de esa adoración lujanense.
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