14 de septiembre 2004 - 00:00

Libros de actualidad política (parte I)

Libros de actualidad política (parte I)
El ex gobernador bonaerense Eduardo Duhalde dista del estadista en sus gestiones públicas y de un pensador de aportes. Ha sido un político simple, de buen vivir y viajar desde el Estado y moviéndose con intuiciones, auscultando las tendencias sociales, sin entenderlas, aunque sí encuestándolas. Precisamente Duhalde ha dicho que el fenómeno de los grupos piqueteros puede estar terminado dentro de un año, hacia setiembre de 2005 en vísperas de la importante elección de renovación legislativa. Experiencia no le falta para vaticinar pero visto hoy el fenómeno piquetero no parece tener plazo fijo. Es cierto que los caudillos convocan menos gente a cada piquete pero se quedan y persisten los más agresivos con lo cual mermó también la moderación en la protesta. ¿Se ganó? ¿Se perdió?

Que vaya agotándose en cuanto a concurrencia a actos de intimidación en la vía pública juega hasta los factores que caracterizan a los argentinos en todos los órdenes, inclusive en el accionar de piquetes: ser inconstantes y terminar aburriéndose de ser movilizados por el caudillo al que le deben agradecimiento por haberles conseguido planes asistenciales o gestionado ayudas directas.

Al venir de Eduardo Duhalde la profecía del ocaso del piqueterismo en un año también se teme el recrudecimiento de los métodos de acción política del ex gobernador y presidente transitorio no electo. Esto sería gran reparto de dinero público en vísperas de los comicios de 2005 para alejar al piqueterismo de la calle pero en forma temporal para no irritar votantes ante la inacción del gobierno nacional, socio hoy del duhaldismo.

Sin embargo, aunque se extinguiera el fenómeno piquetero, pareciera que hay variantes desde las movilizaciones a los cortes de ruta que van a dejar su huella en la sociedad argentina, quizás hasta que se haya logrado un adecuado bienestar o, por lo menos, haber bajado el índice de pobreza del actual 46% a 24% que tenía en 1999. Chile lo ha bajado de 38% a alrededor de 20% y éste pare-ce ser una cuota inevitable en países como la Argentina, sin variantes en exportación, poca industrialización y capitalismo a medias. Otra razón es que en la medida en que mejore el país va absorbiendo la pobreza de las naciones fronterizas y aun de otras latinoamericanas frente a ninguna política de selección inmigratoria vigente.

El fenómeno del piquete tiene que ser estudiado por analistas no políticos para que sea comprensible en sus alcances y posibles soluciones. El libro «Entre la ruta y el barrio» de Maristella Suanta y Sebastián Pereyra es un buen aporte a ello.

Puede observarse que los estudiosos mencionan conceptos profundos que no se le ocurrirían a un político distribuidor de fondos públicos como Duhalde, ni tampoco a las figuras del actual gobierno: el término «piquetero» -dice el libro- significa de por sí una reivindicación, un orgullo con relación al otro aplicable, «desocupado». No será fácil, entonces, erradicar el fenómeno si el hombre sin trabajo está defendiendo también su dignidad mien-tras no pueda solucionar su bienestar y el de su familia.

En esta obra se ve cómo los propios caudillos piqueteros trataron de encontrar libros preexistentes donde aprender, por donde guiarse. No los hay específicos aunque los haya generales porque los cortes en la calle con barricadas vienen cuando menos de los comuneros europeos del siglo XIX. Y si mencionamos multitudes en las calles tendríamos que remontarnos a la Revolución Francesa.

En esto los hombres pobres aquí no tienen por qué saber que
nunca la teoría en libros precede a los movimientos socioeconómicos trascendentes de la historia, como sí sucede en otras actividades, principalmente las científicas. Es decir, por caso, el liberalismo en el mundo no sobreviene a partir de 1776 porque el pensador Adam Smith haya escrito un libro decisivo que se llamó «La riqueza de las naciones». La realidad es que Smith tuvo la inteligencia de observar y comprimir en una obra un fenómeno social vigente desde las reformas de Lutero y Calvino en el siglo XVI. Esto se acrecentó con el invento de la máquina a vapor por Dionisio Papin en 1769, desarrollada por James Watt en 1776, y las condiciones de trabajo que generaba exactamente antes del libro sobre «La riqueza de las naciones», una especie de biblia del capitalismo. Smith observó que a partir de esos precedentes el hombre se esfuerza por ahorrar capital, instalar empresas, tomar mano de obra y comenzar a acercar bienestar a la comunidad. Comenzó con esa máquina a vapor la Revolución Industrial que hoy prosigue con nuevas formas tecnológicas. Ve bien que la era industrial, concretamente la fábrica, no proviene de la evolución del taller del maestro artesano y sus discípulos (los artesanos inclusive fueron enemigos del industrialismo en su arranque).

Entonces Smith deduce de lo que ve que al hacer su realización personal el capitalista impulsa el mejoramiento colectivo.

De la misma manera
Carlos Marx, sesenta años después que Smith, descubre que ese accionar capitalista individual va asentándose en la explotación de los asalariados en jornadas inicialmente extensas, sin francos, incluyendo el trabajo de niños, y escribe el «Manifiesto comunista» de 1848 y luego los 3 tomos de «El capital». Pero aquí tampoco el marxismo, otros 70 años después, surge en Rusia, porque lo haya «inventado» Marx sino porque aquél comprendió en su obra la tendencia de su época, lo que observaba. De la misma manera como Marx no pudo ver -ni imaginó- el enorme progreso de la tecnología que sobrevendría en el siglo XX y se equivocó al predecir la permanente explotación del obrero. De nuevo 70 años después de la hoy extinguida Unión Soviética, el marxismo se derrumba en el Muro de Berlín, en 1989, precisamente por esa teorización correcta cuando el pensador compendia lo que lo precede o le es contemporáneo y se arriesga a error cuando improvisa en teoría. John Maynard Keynes, famoso pensador y financista inglés que brilló a partir de la crisis mundial de 1930 dijo que todo político con ideas nuevas en realidad fue precedido de algún economista que antes pensó lo mismo. Se olvidó de agregar que, si fue exitoso, ese economista fue espejo intelectual de la realidad de su época que se observó.

El movimiento piquetero, nacido en 1996 en Neuquén, no responde todavía a ningún libro teórico entonces sino que es un fenómeno surgido desde la misma sociedad, que recién está llamando la atención de los analistas y tendrá libros que lo reflejen. Este libro empieza a analizar el fenómeno hoy palpable como para comenzar a entenderlo.

De la Redacción del Diario

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