Libros de actualidad política (parte I)
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En esta obra se ve cómo los propios caudillos piqueteros trataron de encontrar libros preexistentes donde aprender, por donde guiarse. No los hay específicos aunque los haya generales porque los cortes en la calle con barricadas vienen cuando menos de los comuneros europeos del siglo XIX. Y si mencionamos multitudes en las calles tendríamos que remontarnos a la Revolución Francesa.
En esto los hombres pobres aquí no tienen por qué saber que nunca la teoría en libros precede a los movimientos socioeconómicos trascendentes de la historia, como sí sucede en otras actividades, principalmente las científicas. Es decir, por caso, el liberalismo en el mundo no sobreviene a partir de 1776 porque el pensador Adam Smith haya escrito un libro decisivo que se llamó «La riqueza de las naciones». La realidad es que Smith tuvo la inteligencia de observar y comprimir en una obra un fenómeno social vigente desde las reformas de Lutero y Calvino en el siglo XVI. Esto se acrecentó con el invento de la máquina a vapor por Dionisio Papin en 1769, desarrollada por James Watt en 1776, y las condiciones de trabajo que generaba exactamente antes del libro sobre «La riqueza de las naciones», una especie de biblia del capitalismo. Smith observó que a partir de esos precedentes el hombre se esfuerza por ahorrar capital, instalar empresas, tomar mano de obra y comenzar a acercar bienestar a la comunidad. Comenzó con esa máquina a vapor la Revolución Industrial que hoy prosigue con nuevas formas tecnológicas. Ve bien que la era industrial, concretamente la fábrica, no proviene de la evolución del taller del maestro artesano y sus discípulos (los artesanos inclusive fueron enemigos del industrialismo en su arranque).
Entonces Smith deduce de lo que ve que al hacer su realización personal el capitalista impulsa el mejoramiento colectivo.
De la misma manera Carlos Marx, sesenta años después que Smith, descubre que ese accionar capitalista individual va asentándose en la explotación de los asalariados en jornadas inicialmente extensas, sin francos, incluyendo el trabajo de niños, y escribe el «Manifiesto comunista» de 1848 y luego los 3 tomos de «El capital». Pero aquí tampoco el marxismo, otros 70 años después, surge en Rusia, porque lo haya «inventado» Marx sino porque aquél comprendió en su obra la tendencia de su época, lo que observaba. De la misma manera como Marx no pudo ver -ni imaginó- el enorme progreso de la tecnología que sobrevendría en el siglo XX y se equivocó al predecir la permanente explotación del obrero. De nuevo 70 años después de la hoy extinguida Unión Soviética, el marxismo se derrumba en el Muro de Berlín, en 1989, precisamente por esa teorización correcta cuando el pensador compendia lo que lo precede o le es contemporáneo y se arriesga a error cuando improvisa en teoría. John Maynard Keynes, famoso pensador y financista inglés que brilló a partir de la crisis mundial de 1930 dijo que todo político con ideas nuevas en realidad fue precedido de algún economista que antes pensó lo mismo. Se olvidó de agregar que, si fue exitoso, ese economista fue espejo intelectual de la realidad de su época que se observó.
El movimiento piquetero, nacido en 1996 en Neuquén, no responde todavía a ningún libro teórico entonces sino que es un fenómeno surgido desde la misma sociedad, que recién está llamando la atención de los analistas y tendrá libros que lo reflejen. Este libro empieza a analizar el fenómeno hoy palpable como para comenzar a entenderlo.
De la Redacción del Diario




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