Licencias
Los fiscales que reclutó Gustavo Béliz para las principales funciones de su cartera (Norberto Quantín, José María Campagnoli, Pablo Lanusse) son conocidos como los «centauros». Es un buen apodo, pues, como esos seres mitológicos, conservan una doble condición. Asumieron funciones en el Ejecutivo, pero mantuvieron los cargos en la Justicia. Esta ambigüedad es un caldo de cultivo especial para la falta de transparencia y la corruptela, vicios que detesta Béliz. Por eso festejará lo que preparan los diputados: una ley que obligará a esos «centauros» a optar, en un mes, por una de sus dos identidades.
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• Aberración
No se necesita que exista este encuadramiento -un funcionario del Ejecutivo y fiscal haciendo travesuras-para que el carácter anfibio que hoy exhiben estos hombres de Gustavo Béliz luzca incorrecto. Si se examina la reforma judicial que el ministro de Justicia y ellos mismos proponen, se advertirá que está previsto subsumir el fuero federal en la jurisdicción ordinaria de la Capital. Es decir: ahora todos los fiscales tratarían también causas federales. Basta imaginar que estos tres «centauros» regresen a sus fiscalías para tomar nota de la aberración: Quantín, Campagnoli o Lanusse terminarían siendo los encargados de acusar (o dejar de hacerlo) a sus ex compañeros de gabinete involucrados en causas federales. Aunque quienes conocen la idiosincrasia del trío afirman que, olvidados del viejo compañerismo, no tendrían problema alguno de mandar preso al propio Béliz.
La normativa que avanza en estos días en la Cámara de Diputados no se inspiró solamente, a decir verdad, en estas contradicciones técnicas que ponen de manifiesto las extrañas designaciones del ministro de Justicia. Hubo un sentimiento político herido que dio también lugar a estos proyectos: es de suponer que existe un avance del Poder Judicial sobre la clase política, como si la militancia en los partidos o los antecedentes en el Congreso, fueran una carta de presentación inferior a la de quienes hicieron carrera en la Justicia. Esta expansión del personal judicial sobre los dirigentes políticos se percibe todavía más en el campo específico de las políticas de Seguridad, que poco a poco van quedando en manos de ex funcionarios judiciales.
La ley que se está discutiendo en Diputados con la adhesión de la mayoría de las bancadas tiene un modelo transatlántico: una norma similar rige en España, donde las Cortes quisieron que no se repita la experiencia del juez Baltasar Garzón.
Convocado por Felipe González desde el Poder Judicial, fue funcionario del Ejecutivo por un tiempo. Al regresar al tribunal, se encargó de perseguir a sus antiguos colegas de equipo en la causa abierta por la represión ilegal del terrorismo vasco.




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