Llegó Chávez, un fin de semana con alboroto
La última vez que Hugo Chávez y el gobierno de Néstor Kirchner organizaron un acto anti-Bush en la Argentina fue el 4 de noviembre de 2005 en Mar del Plata, durante la Cumbre de las Américas. Hubo saqueos, destrozos a bancos de capitales extranjeros, volaron bombas molotov contra la Policía y también afectaron locales de pequeños comerciantes. Por eso, no se entiende la decisión del oficialismo de declarar zona liberada el interior del estadio de Ferro, donde el presidente de Venezuela hablará ante un público integrado en su mayoría por grupos piqueteros de izquierda alineados con la Casa Rosada. Hasta los encapuchados de Quebracho tendrán esta noche un palco reservado en el salón VIP dispuesto por los guevaristas del Movimiento Patria Libre. El barrio porteño de Caballito tendrá entonces hoy un día de extrema tensión, con pistoleros caribeños desplazando a la Policía argentina. Unos 300 militares venezolanos estarán buscando un francotirador en los edificios que circundan al estadio de Ferro. Pero los más expuestos volverán a ser los vecinos, bancos y locales comerciales de la Capital Federal, librados al humor de manifestantes que ocultan sus rostros y portan palos en nombre de Chávez. Todo eso, para oír una clase magistral sobre el «socialismo del siglo XXI» y la ola estatizadora del bolivariano. Hoy al mediodía, el presidente argentino recibirá una clase particular en Olivos, durante un almuerzo privado con Chávez.
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Julio De Vido, Guillermo Moreno, Daniel Filmus, Felisa Miceli,
Néstor Kirchner y Hugo Chávez.
El operativo de seguridad no ofrece ninguna garantía: mil piqueteros y 300 militares venezolanos -sin autorización del Congreso argentino para ingresar al país-custodiarán el interior del estadio, zona liberada que no podrá ser pisada por la Policía Federal. Las fuerzas de seguridad locales sólo podrán circundar solamente las adyacencias de la cancha de fútbol.
Kirchner avala en silencio la presencia y el discurso chavista. Invitó al líder bolivariano a través de De Vido y su última defensa pública del ex paracaidista venezolano fue el 1 de marzo en el Congreso nacional, cuando recordó que «durante mucho tiempo los países centrales y del Norte» marcaron la coyuntura política de la región y que ahora no había por qué temer a fenómenos políticos latinoamericanistas como el de Chávez. El apoyo de la Argentina a Venezuela no sólo se explica por las generosas compras de bonos -ya suman 4.500 millones de dólaressino también por el interés estratégico de la Cancillería argentina en frenar el ascenso brasilero como potencia mundial y líder del bloque comercial sudamericano. Y esta visita se presenta como el corolario de la Cumbre de Presidentes del Mercosur de Rio de Janeiro en enero. Allí Kirchner aisló a Lula apoyando a Chávez en la creación del Banco del Sur.
Se espera que concurran unas 40.000 personas, en un acto que aunque es presentado como «antiimperialista», tendrá a Chávez en el país como invitado oficial de Kirchner. El ministro consejero de la Embajada de Venezuela en la Argentina, Fabián Arráez, recordó que Chávez visita el país «por invitación del Presidente. El hecho de que Bush esté enfrente es pura coincidencia».
Kirchner y Chávez firmarán un convenio sojero de transferencia de tecnología a cargo de empresarios argentinos para sembrar un millón de hectáreas de soja en Venezuela, por un monto de unos 400 millones de dólares. Y avanzarán en convenios económicos que incluyen a las compañías energéticas estatales de la Argentina, ENARSA, y de Venezuela, PDVSA, junto a la petrolera RHASA, al intercambio en materia agropecuaria y a la creación del Banco del Sur.
Aunque ayer la CGT de Hugo Moyano decidió gestionar un encuentro entre asambleístas de Gualeguaychú que se oponen a la construcción de una planta de celulosa de Botnia en Uruguay y Chávez, esa reunión está prácticamente descartada por el temor del gobierno a que interfiera con la mediación de la corona española.




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