Logra Kirchner su socialista "oficial": controlará gremios
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Alfredo Bravo
Fue Capaccioli, a cargo de la Superintendencia de Seguros de Salud (SSS), quien se lanzó a la aventura al crear el cargo de defensor del afiliado sindical como antesala de, si se vota la ley que ordena a las prepagas, extender esa vigilancia también a las empresas privadas.
A esa operación se plegó Juan Manuel Abal Medina, subsecretario de Gestión Pública que hoy, con Capacicioli, podrán en funciones a Finvarb.
Cuando jure, el socialista se convertirá en el vigía de las 300 obras sociales incorporadas al régimen de la SSS: podrá actuar como «denunciante» y pedir informes o controlar las prestaciones de las obras sociales pero, eso sí, sólo Capaccioli podrá ejecutar castigos.
Para los sindicatos es una incomodidad. Activo, Finvarb ya se anotició de que los reclamos de los afiliados se concentran en dos rubros: por un lado, las prestaciones que no están incluidas en el nomenclador; por el otro, las demoras con turnos y consultas.
El temor es, claro, que desde la SSS se digite a cuáles obras sociales controlar y a cuáles no. Una sanción pública en épocas de desregulación que permite a los afiliados cambiar de prestadora es una arma peligrosa que estará en el puño de Capaccioli.
Pero son, seguramente, sospechas infundadas del gremialismo educado en conspiraciones. Lo mismo que las alertas sobre la intervención cada vez más activa de Alberto Fernández en el universo sindical, donde la palabra oficial la pronuncia -todavía-Julio De Vido. De Vido es quien hizo los gestos más ostensibles para sostener a Hugo Moyano en su peor hora. El camionero colocó a José Rinaldi en la APE, oficina que está en la órbita de la SSS, pero tiene autonomía para el manejo de sus fondos que ascienden a 350 millones de pesos.
En la CGT advierten sobre las tensiones entre la Superintendencia de Salud que ordena Capaccioli y la APE del moyanista Rinaldi. Ahora, con el socialista Finvarb, el albertismo pondrá a un «comisario» a que controle si las obras sociales cumplen con sus afiliados.
En el gobierno hacen una lectura desangelada y atribuyen la creación de la Defensoría a un «avance» en el respaldo a los usuarios.




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