31 de octubre 2007 - 00:00

Lombardi duda si aceptará Cultura

Tras la fugaz designación de Luis Rodríguez Felder, el ex secretario de Turismo del gobierno De la Rúa, Hernán Lombardi, continuaba siendo ayer el candidato más firme para ocupar el temerario cargo (para el macrismo) de ministro de Cultura de la Ciudad. Lombardi, cuyo destino en la futura Corporación Turismo de Buenos Aires que se creará en la gestión Macri ya es segura, uniría así ambas funciones, decisión política que -de confirmarse- vuelve a demostrar que para el próximo gobierno la cultura es, antes que nada, atracción de extranjeros.

Ya en el plan que se había apresurado a presentar el caído editor y titiritero Rodríguez Felder, se acentuaba esa idea de turismo cultural. Lombardi, quien todavía no le ha dado el sí a Macri para el ministerio en cuestión (aunque sería cuestión de unos pocos días), no sólo es un hombre que se ufana de su ávida condición de lector (declaró hace unos años que lee a Homero hasta en la bañera, y en edición bilingüe), sino que, además, es representante en la Argentina de varias cadenas hoteleras y defensor del turismo con open mind, esto es, que fue uno de los principales promotores del turismo gay en el país.

Lombardi, también representante de la cadena Axel de hotelería gay mundial, está asociado al flamante establecimiento que se abrió días atrás en San Telmo, y también estuvo junto con el español Juan Juliá patrocinando la construcción del Axel porteño desde su origen: en aquella oportunidad, enterraron el día de la inauguración de las obras varios objetos simbólicos: además de las banderas argentina y española, un estandarte de la comunidad gay y un disco de Madonna interpretando «No llores por mí, Argentina».

En cambio, el nombre de Pablo Batalla, discutido director general del Teatro Colón también durante la gestión De la Rúa, ya quedó descartado para llegar al ministerio. En el interior del PRO, quien sostenía a Batalla para ese cargo era Diego Santilli, aunque el resto del equipo, tal vez temiendo otra reacción no favorable por parte de la susceptibilizada intelligentsia de Buenos Aires, y en especial después del affaire Rodríguez Felder, habría desaconsejado su nombramiento.

  • Confirmados

  • En definitiva, hasta anoche el único número puesto en el futuro elenco cultural de Buenos Aires era el profesor Horacio Sanguinetti al frente del Colón autárquico (quien, de paso, todavía no había dado su parecer ante la temporada lírica del Centenario que le hizo llegar el actual titular del teatro, Leandro Iglesias, apenas trascendió su designación), y desde luego Kive Staiff por dos años más al frente del Complejo Teatral de Buenos Aires, ya que por los términos de su contrato aún debe continuar ese tiempo.

    Humillado y ofendido, quien dio un portazo al PRO fue el galerista Ignacio Liprandi, el primer designado virtual para ese cargo y generador de un programa de cultura, bastante heterogéneo por cierto, que fue descartado por Macri. En una carta pública, Liprandi anunció su desvinculación del PRO. En esa carta, definió su idea de la cultura como «elemento transformador de la realidad social y una defensa de la contemporaneidad» (es decir, todo lo opuesto de lo que se había pretendido con Rodríguez Felder), y se despidió del poder que nunca llegó a tener anunciando la continuidad de ese plan desde el ámbito privado.

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