5 de mayo 2003 - 00:00

Los diarios frente a encuestas falseadas

Por lo observado con encuestas deliberadamente falseadas previas a este último comicio del domingo 27, los medios de difusión -fundamentalmente los diarios- deberían intentar hacerlas. En definitiva, cómo avanza en el tiempo una intención de voto de la ciudadanía es una información, una noticia, y como tal no debe quedar en manos de quienes con poca seriedad sean capaces de adulterarla por intereses contraídos con candidatos o partidos políticos. Más cuidado debe tener un medio en un tema tan importante porque no es una información oficial, o sea que tenga un responsable serio detrás.

La razón para encararlas es simple: los medios de difusión engañan -aun cuando sea involuntariamente- si se hacen eco o publican encuestas adulteradas por quienes cobran por ello y no lograrían tal pago si no obtuvieran la difusión de sus trampas numéricas. La encuesta falseada, entonces, es para engañar a la prensa y por su intermediación al público.

Hay encuestadores serios, pero cuando lo son terminan siendo contratados por partidos o candidatos y no difunden los resultados que brindan al cliente. Con esto dejan los muestreos en proselitismo pre electoral en manos de meros especuladores que se aprovechan de la falta de encuestas propias de los medios.

El CEOP (Centro de Estudios de Opinión Pública), perteneciente al diario «Clarín», inició hace años el camino correcto de procurarse encuestas propias. El CEOP pudo -y de hecho lo hizo- haber adulterado esas encuestas al difundirlas, pero en la medida en que otros diarios también hagan las propias la opinión pública puede discernir, si hay discrepancias, cuál puede ser la verdadera situación.

«Folha» de Sao Paulo de Brasil, «Monterrey» de México, «El País» de España y otros medios -la famosa «BBC» londinense o «Reuters» por caso, que manejan normalmente información- marcan el camino de encuestas propias de medios que son, en definitiva, las más tomadas en cuenta.

Pueden equivocarse técnicamente, pero los diarios, a diferencia de los encuestadores sueltos, tienen un prestigio y una tradición que ponen en juego.

El dinero que pueda obtener un diario adulterando muestreos del real sentir de la sociedad es irrelevante en relación al prestigio que puede perder. Para un encuestador individual un emolumento así puede ser tentador para prestarse a engaños. Obsérvese que en el proselitismo, frente al comicio del 27 de abril, el gran ausente en encuestas fue el CEOP de «Clarín». Esto se explica por la situación financiera del diario, que no le permitía arriesgarse en opiniones cuando la solución a sus males podía depender -y aún depende- tanto del duhaldismo, que era gobierno y podía continuarse con Néstor Kirchner, como del menemismo que podría arribar al gobierno o aún de Elisa Carrió y Adolfo Rodríguez Saá, que se habían enojado con el medio de las familia Noble-Magnetto.

Sabían además, que con López Murphy no iban a lograr solución financiera de tipo subsidio y menos, entonces, estaban para arriesgarse.

Sólo un columnista de alto nivel como es Van der Kooy, se atrevió a publicar una encuesta de las que hacía el CEOP «para adentro» (al margen, le daba bastante errada, con Kirchner superando a Menem y con López Murphy quinto).

El ciudadano mejor informado en una sociedad será siempre el que tenga más medios con informaciones o puntos de vista distintos para formar su propia opinión. Esto requiere la presencia de diarios en encuestas.

Encuestas serias y no «dibujadas» requieren, por otra parte, costos altos que no están al alcance de encuestadores simples, si se quiere hacerlas con seriedad. Por eso los medios de difusión tendrían esta obligación ante la sociedad ya que pueden afrontar esos costos, como también con encuestadores que logren buenos contratos con candidatos o partidos. Pero en este segundo caso, las encuestas las brindan privadamente a quién los contrató al efecto de orientar mejor su proselitismo. Es el caso del encuestador Julio Aurelio, que trabajó privadamente para Eduardo Duhalde y difundió algunos números pero escasos frente a la proliferación de encuestas «truchas» que trataban de influir en los futuros votantes.

El peor de los casos para la adecuada información que debe tener una sociedad fue el de encuestadores contratados por altas sumas de dinero por candidatos que, además de darle la realidad de la intención de voto al contratante, se comprometieron a la par a ayudarlo difundiendo encuestas distintas a la opinión pública.

Ambito Financiero
fue el único medio que afrontó ese gasto de encarar encuestas propias y no hacerse eco de otras que podían ser falseadas.

Utilizó la metodología clásica de los diarios que encaran este tipo de esfuerzo y, aún con desvíos como todos, resultó la más acertada, lo cual era obvio frente a la falsedad de lo que se difundía. Por eso pudo ser el único que incluía los datos de tendencia de voto por edad, sexo, profesión y niveles de estudios del electorado. Procuramos encuestas completas y sólo las hicimos en 3 oportunidades con diferencia de 90 días y siendo la última el 22 de marzo. Se cumplió con informar y destacar las maniobras. Por ejemplo que era ridículo considerar que Carlos Menem era cuarto o hasta quinto. Desde el 5 de setiembre del año pasado lo ubicó primero en intención de voto y así resultó, aunque no en la medida final que aquellos guarismos prenunciaban. No se pudo calcular -nadie pudo hacerlo- que 23% del padrón electoral, 4.500.000 personas, no iban a ir a votar marcando un récord equiparable sólo a 1937.

Pero las encuestas de este diario fueron las primeras en descubrir el voto por «seguridad» para Aldo Rico y Luis Patti en la provincia de Buenos Aires. O el impacto de «Chiche» Duhalde (al extremo de llevar a primer lugar la fórmula de Felipe Solá) y la intención de voto cercana a 50% a Mauricio Macri (al 22 de marzo). El 12 de marzo, 45 días antes del comicio, las encuestas de
Ambito Financiero y «América» TV detectaron el fenómeno de crecimiento de Ricardo López Murphy, que terminó tercero, y que mucho después admitieron otros encuestadores aunque falseándolo como «sorpresa de los últimos días de abril». Se concluyeron el 22 de marzo y en una sola única actualización por televisión, el 23 de abril, 4 días antes de los comicios, admitió este diario que el segundo puesto estaba peleado entre López Murphy y Kirchner, como finalmente ocurrió.

Además
Ambito Financiero fue el primero en informar que habría ballottage (lo hizo en tapa el 2 de setiembre del año pasado) y que sería entre dos justicialistas.

Pese a la desconfianza que la difusión de encuestas falsas ha traído sobre este tipo de informaciones, las que sean realizadas entre medios de difusión y no entre operadores individuales siguen siendo la mejor opción de mantener correctamente informada a la opinión pública. No hay que olvidar que restan este año más de 20 elecciones provinciales y de legisladores y no debería ocurrir lo que bien señaló el columnista Joaquín Morales Solá: «más que encuestas fueron operaciones políticas».

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