Los Kirchner festejaron el triunfo en un acto con sólo los intendentes

Política

Relajado pero sin euforia, Néstor Kirchner reapareció en la Casa Rosada ayer tras la elección del domingo en la que su esposa, Cristina de Kirchner, fue como su sucesora, y sobre quien pronosticó que hará «el mejor gobierno» desde el retorno democrático en el 83.

Antes de tomarse unas minivacaciones -viaja a Santa Cruz, donde estará, de descanso, hasta el fin de semana-, el patagónico encabezó un acto de anuncio de obras y se mostró con los ganadores del domingo: su esposa, Daniel Scioli y un elenco de alcaldes del conurbano.

«Yo no tengo dudas, y conociéndola más que nadie, de que Cristina va a ser una gran presidenta de todos los argentinos», halagó Kirchner. Al comienzo, el locutor oficial había presentado a la primera dama como «senadora nacional y presidenta electa».

No esquivó un augurio optimista. «Vamos a trabajar -prometió- para que este gobierno sea el mejor de todos los que hubo desde 1983, cuando se restableció la democracia». Tomó la precaución de evitar comparaciones incómodas con las tres gestiones de Juan Domingo Perón.

Evitó, además, cualquier referencia a la oposición y a las denuncias sobre fraude y falta de boletas. Se limitó a decir que tenía una «gran felicidad» porque «el pueblo» se «expresó democráticamente». Y agregó una línea más: «Más allá de cómo haya votado».

Antes, en la previa del acto, Kirchner había analizado con un puñado de dirigentes los resultados del domingo. Se mostró conforme, según contó uno de los que participó de la ronda, a pesar del revés, genérico y marcado, en todos las grandes ciudades.

  • Caras nuevas

    Breve y acotado, el acto se realizó en el Salón Sur y tuvo un detalle de color: entre los invitados vip, había cinco alcaldes que el domingo encabezaron recambios. Con los resultados puestos, el gobierno los descubrió a pesar de que en la campaña casi los ignoró. Estaban Pablo Bruera, verdugo de Julio Alak en La Plata; Darío Díaz Pérez, que derrocó a Manuel Quindimil; Daniel Di Sabatino, que tumbó a Antonio Arcuri en San Vicente; Fernando Gray, que le ganó a Alberto Groppi en Echeverría, y Graciela Rosso, que se impuso en Luján.

    Otro que apareció por la Casa de Gobierno fue Jorge Rossi, de Lomas de Zamora, a quien tanto Osvaldo Mércuri, el otro candidato del PJ, como Julio Gutiérrez, postulante de la Coalición Cívica (CC), no lo reconocen como triunfador. Sigue el temblor.

    Al voleo, Kirchner los felicitó al igual que a los barones sobrevivientes también convidados a la celebración: « Cacho» Alvarez, Luis Acuña, Alejandro Granados, Raúl Othacehé y Andrés Arregui. Por otra puerta, entraron Julio Pereyra y Alberto Descalzo.

  • Sello

    En otro rol -las obras eran en Matanza -estuvo Fernando Espinosa. El heredero de Alberto Balestrini saludó los aportes del gobierno nacional con un «gracias totales». Puso un sello: integra con las nuevas caras del domingo la «generación Soda Stereo».

    Ni la presidenta ni el gobernador electos hablaron. Sólo lo hicieron Kirchner, Espinosa y Felipe Solá, que rastrea con inquietud alguna señal de la Casa Rosada sobre su destino: ¿jefe de la Cámara, ministro de Medio Ambiente, embajador en Estados Unidos? Otro que con la mirada buscaba indicios en el techo era Aníbal Fernández. Golpeado por la derrota en Quilmes, el ministro parece haberse vuelto invisible, al menos para Kirchner, que olvidó contarlo cuando bromeó con que todos los que estaban en la cabecera eran electos.

    Ahí se acomodan, a sus lados, Cristina de Kirchner, Scioli, Balestrini, Solá, Carlos Zannini y el jefe de la cartera política. «Los únicos dos que no fuimos electos el domingo somos Zannini y yo». Apenas un metro detrás de él, Fernández no festejó la ocurrencia.
  • Dejá tu comentario