Los Kirchner festejaron el triunfo en un acto con sólo los intendentes
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Cristina de Kirchner bromea, mientras habla Felipe Solá, con
Alberto Balestrini y Carlos Zannini. Ecos de la felicidad por
el triunfo del domingo que se contagió, en menores dosis,
a intendentes ex duhaldistas -como «Cacho» Alvarez, Alejandro
Granados y Jorge Rossi- que aparecieron por la Casa
Rosada pero viven como un mal augurio las derrotas de
otros barones del conurbano.
Breve y acotado, el acto se realizó en el Salón Sur y tuvo un detalle de color: entre los invitados vip, había cinco alcaldes que el domingo encabezaron recambios. Con los resultados puestos, el gobierno los descubrió a pesar de que en la campaña casi los ignoró. Estaban Pablo Bruera, verdugo de Julio Alak en La Plata; Darío Díaz Pérez, que derrocó a Manuel Quindimil; Daniel Di Sabatino, que tumbó a Antonio Arcuri en San Vicente; Fernando Gray, que le ganó a Alberto Groppi en Echeverría, y Graciela Rosso, que se impuso en Luján.
Otro que apareció por la Casa de Gobierno fue Jorge Rossi, de Lomas de Zamora, a quien tanto Osvaldo Mércuri, el otro candidato del PJ, como Julio Gutiérrez, postulante de la Coalición Cívica (CC), no lo reconocen como triunfador. Sigue el temblor.
Al voleo, Kirchner los felicitó al igual que a los barones sobrevivientes también convidados a la celebración: « Cacho» Alvarez, Luis Acuña, Alejandro Granados, Raúl Othacehé y Andrés Arregui. Por otra puerta, entraron Julio Pereyra y Alberto Descalzo.
En otro rol -las obras eran en Matanza -estuvo Fernando Espinosa. El heredero de Alberto Balestrini saludó los aportes del gobierno nacional con un «gracias totales». Puso un sello: integra con las nuevas caras del domingo la «generación Soda Stereo».
Ni la presidenta ni el gobernador electos hablaron. Sólo lo hicieron Kirchner, Espinosa y Felipe Solá, que rastrea con inquietud alguna señal de la Casa Rosada sobre su destino: ¿jefe de la Cámara, ministro de Medio Ambiente, embajador en Estados Unidos? Otro que con la mirada buscaba indicios en el techo era Aníbal Fernández. Golpeado por la derrota en Quilmes, el ministro parece haberse vuelto invisible, al menos para Kirchner, que olvidó contarlo cuando bromeó con que todos los que estaban en la cabecera eran electos.
Ahí se acomodan, a sus lados, Cristina de Kirchner, Scioli, Balestrini, Solá, Carlos Zannini y el jefe de la cartera política. «Los únicos dos que no fuimos electos el domingo somos Zannini y yo». Apenas un metro detrás de él, Fernández no festejó la ocurrencia.




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