Los Kirchner leyeron más a Maquiavelo que los Duhalde

Política

Nota: Los Duhalde no leen a Maquiavelo. Los Kirchner sí. O el bonaerense quizá no lo entendió porque ya dice «El Príncipe» que «es natural agraviar a aquellos de los que uno se convierte en un nuevo Príncipe» (o presidente).

Eduardo Duhalde se autotitula estratega político porque juega ajedrez (juega mal). Cuando el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le ofreció una pecaminosa lista de candidatos para ir juntos a esta elección, alternando duhaldistas (pocos) con kirchneristas (casi todos), se indignó y le dijo a A.F.: «Soy un profesional de la política». Sin embargo, Duhalde entendió tarde que Néstor Kirchner se le había ido definitivamente de las manos y que así estaba escrito desde que lo designó excluyendo con trampas partidarias a Carlos Menem. No leyó Duhalde a Nicolás Maquiavelo que le hubiera enseñado que su delfín ya en el cargo se le revelaría.

Se dice en «El Príncipe»: «Todo deriva de otra necesidad natural y ordinaria que siempre obliga a agraviar a aquellos de los que uno se convierte en nuevo príncipe». (Cap. III.)

Puede perdonársele esa falta de lectura a Duhalde -o falta de asimilación de lectura, al menos- si tampoco George Bush atendió al famoso florentino en el caso de Irak cuando en «El Príncipe» se escribió: «... para entrar en una provincia siempre se necesita el favor de sus habitantes, inclusive cuando se poseen ejércitos poderosísimos». (Cap. III.)

Más maquiavélicos (en el sentido de que debieron leer
«El Príncipe») fueron los israelíes en Gaza y Cisjordania, aunque hayan cambiado las cosas:

«Los romanos observaron siempre esta norma en las provincias que conquistaron: crearon colonias...» (Cap. III), enseñaba el pensador florentino.

Pero volvamos al Duhalde que no leyó o no asimiló a Maquiavelo cuando éste aconsejó:

«... una regla general que nunca o en raras ocasiones falla: quien promueve el que otro se convierta en poderoso labra su ruina, porque ese poder lo ha provocado o con la astucia o con la fuerza, y tanto la una como la otra resultan sospechosas al que se ha convertido en poderoso». (Cap. III.)

Esto ha ocurrido en la tumultuosa relación
Duhalde-Kirchner, más el encono y embestidas de sus esposas.

Sigamos con el Maquiavelo que analizó frontalmente al «Príncipe» (gobernante) que por
«la fortuna» (suerte) se le concede el dominio de un Estado. La «suerte» de Néstor Kirchner fue que Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota no quiso uno y no pudo el otro ser príncipe. El santacruceño está en el caso, dentro de la terminología de Nicolás Maquiavelo, de quien consigue con poco esfuerzo erigirse en «Príncipe» pero necesita realizar mucho para mantenerse... todas las dificultades aparecen cuando están ya instalados.

«Todos dependen simplemente de la voluntad y fortuna de quien les ha concedido el Estado, cosas ambas muy volubles e inestables, y no saben ni pueden mantener ese cargo». «... la primera adversidad los destruye; a no ser que, como dije, éstos que de improviso han llegado a ser príncipes posean tanta virtud que sepan enseguida prepararse para conservar lo que la fortuna les ha puesto entrelas manos, y sepan poner después los cimientos que otros pusieron antes de convertirse en príncipes»

(«El Príncipe», de Nicolás Maquiavelo. Cap. VII.)

Una característica del
matrimonio Kirchner en el poder hoy en la Argentina es que no hay libro escrito por alguno de ellos, ni siquiera artículos, ni discursos sobre principios explicando sus ideas y fines.

Hablan de que los comicios del 23 de octubre son una bisagra entre
«un pasado que concluye y un futuro» que dicen será venturoso pero que nadie sabe por qué. Abunda el dinero desde el exterior y se lo reparte. Eso gana comicios pero ¿constituye un método o un plan de crecimiento? Ciertamente no. ¿Es plan usar tanta abundancia de dinero para subsidiar combustibles, peajes, ferrocarriles, gremio camionero, etc. creando una sensación irreal de estabilidad del bienestar ciudadano? No tienen un escriba que les redacte un libro de posibles metas a seguir para alcanzar «el nuevo futuro» del que hablan. Ni un libro para hacer lo contrario de lo que digan, como sucedió con el ex presidente Arturo Frondizi y su libro «Petróleo y política».

No se conocen las calificaciones como alumnos durante sus estudios de abogacía, ni sus tesis de posgrado -si las hubieran presentado- ni sus libros de lectura preferidos salvo que una vez trascendió que leyeron un opaco libro de Miguel Bonasso sobre las experiencias de éste como repartidor de comunicados montoneros en los '70. ¿Habrán leído «El Príncipe»? Cometen errores los Kirchner como gobernantes en relación con el ejercicio del poder frente a algunas reglas que aconsejaba Maquiavelo. Otras las cumplen casi estrictamente. Dan idea, aun con errores, de estar mucho más cerca de la lectura del florentino que Eduardo Duhalde.

Veamos aquel famoso resumen de Maquiavelo donde se nota que los Kirchner no han sido precisamente «agradables» en sus relaciones ni han mantenido «la amistad de reyes y príncipes» que, modernamente, serían presidentes y empresarios multinacionales.

En el cap. VII de «El Príncipe» se lee:

«Por tanto, quien juzgue necesario afianzarse en su principado nuevo frente a los enemigos, ganarse alianzas, vencer o no con la fuerza o con el engaño, hacerse amar y temer por los pueblos, hacerse seguir y respetar por los soldados, aniquilar a quienes le puedan o deban ofender, renovar con nuevos modos el antiguo orden, ser severo y agradable, magnánimo y liberal, eliminar la milicia desleal, crear una nueva, mantener la amistad de reyes y príncipes de manera que tengan que beneficiarte con cortesía u ofenderte con temor ...»

Admitamos que en «hacerse temer, aniquilar a los que le pueden ofender, eliminar la milicia desleal» y otros consejos estos santacruceños en el poder han sido extremadamente maquiavélicos en cuanto a ejecutar postulados de «El Príncipe».

Kirchner en cambio, trastabilla ante Maquiavelo cuando con fondos públicos se impone sobre gobernadores, penetra en sus listas con dinero con figuras mediocres aparentemente fieles a la Casa Rosada, pero que no le responderán si lo ven debilitado. Sin carisma presidencial ni ideas comunes toda alianza política es frágil si la formó sólo la conveniencia. En
«El Príncipe» se lee:

«Y quien crea que los nuevos beneficios hacen olvidar a los grandes personajes las antiguas ofensas, se engaña». «... sabía también que a los hombres hay que ganárselos o destruirlos...» (cap. VII); «... se mantuvo luego en él (el poder) gracias a sus muchas decisiones audaces y arriesgadas. Pero no se puede llamar virtud a traicionar a los amigos, carecer de palabra, de piedad, de religión; estos medios pueden proporcionar poder pero no gloria». (cap. VIII) Maquiavelo dixit.

No ya Duhalde sino el resto de quienes se oponen al « principado» de los Kirchner como a cualquier populismo que niegue el desarrollo futuro ¿ leyeron a Maquiavelo? ¿Pueden oponérsele políticamente al gobierno o sólo murmullan y aguardan golpes de suerte? En «El Príncipe» se lee, resumiendo párrafos:

«Es mejor ser impetuoso que precavido. La fortuna es mujer y es necesario, si se la quiere someter, golpearla y zurrarla y se deja vencer antes por los impetuosos que por quienes proceden fríamente».

No es cuestión de «golpear y zurrar» que en política sería siempre acciones de fuerza no democráticas. Vale, en cambio, el concepto de Maquiavelo de que

«la fortuna (por «suerte») muestra su poder donde no hay una virtud dispuesta a resistírsele»...

Los argentinos suelen no arriesgar en los vendavales o confían en terceros para ejercer la oposición que la democracia exige para resguardar las libertades frente al poder de los gobiernos. Se lee en «El Príncipe»:

«si no tomas partido serás siempre presa del vencedor».

Finalmente hace casi 500 años Nicolás Maquiavelo escribió una frase muy meditada que se puede aplicar a los comicios del domingo próximo:

«Las victorias no son tan completas como para que el vencedor no tenga que guardar algún temor, y máxime a la Justicia».

¿Aprenderemos o repetiremos años de presidentes civiles y militares del pasado que se sintieron omnipotentes por un triunfo circunstancial?

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