Los Kirchner temen inhabilitación

Política

El gobierno quiere revisar el mecanismo de concursos para nuevos jueces porque necesita blindar la situación de los Kirchner en el poder (todo gobierno intenta hacerlo para cubrirse para los tiempos de disipación de sus fuerzas, que siempre llegan). Pero hay tribulaciones actuales que los desvelan en Tribunales.

El gobierno se ha enterado de que un grupo de juristas animados por la oposición prepara una presentación sólidamente fundada sobre un punto que hasta ahora se ha mantenido enclaustrado en ámbitos académicos: la ineptitud de los cónyuges para sucederse en el gobierno. El argumento, que ha sido ya tema de varias discusiones en la Facultad de Derecho de la UBA, es que en la legislación argentina la institución del matrimonio hace, de dos personas, una sola. Por eso los cónyuges no están incursos en delitos como encubrimiento mutuo y son solidarios patrimonialmente.

La idea misma de matrimonio en un país en donde están prohibidos los acuerdos prenupciales de división de bienes (que son legales en países anglosajones) se basa en que cada uno de los cónyuges pierde su individualidad cuando se casa.

La figura legal del matrimonio, dicen los expertos de dos partidos de la oposición a quienes les han encargado un estudio a fondo de una posible impugnación a los Kirchner, hace que los intereses de los cónyuges sean solidarios en lo que se llaman bienes gananciales. Si Néstor Kirchner, hoy sin cargo, compra un lote en El Calafate, la mitad va a Cristina. Si Cristina compra siendo presidente, la mitad va al ciudadano Kirchner sobre quien pesa un plazo de dos años desde que dejó la presidencia para que lo investiguen por presunto enriquecimiento ilícito. Con esa compra, porque es solidaria, le anula el plazo con lo cual extiende ese plazo de investigación por más de dos años. Con esto se ejemplifica cómo las potestades de los dos cónyuges son compartidas.

¿Por qué se plantea esto ahora y nunca antes? La pastilla la puso Fernando Enrique Cardoso cuando dio la conferencia en Buenos Aires invitado por el Banco Itaú. Dijo allí que un nuevo mandato de un Kirchner en 2011 sería ya instaurar una monarquía en la Argentina. Se suma la idea a un segundo hecho, que es la captura que hace Kirchner en PJ. ¿Para qué querría ser presidente de ese partido -que no tiene funcionamiento orgánico desde 2002-, sino para manipular en su beneficio las candidaturas nacionales de 2011? La última vez que decidió algo, lo hizo a favor de su esposa. Nada indica que no lo repetirá.

  • Restricciones

    El tercer elemento es la naturaleza del sistema presidencialista, que les pone en todo el mundo restricciones a los políticos, por ejemplo, el límite de reelecciones, cláusulas que impiden el nepotismo (existen en muchas provincias argentinas y en muchos países del mundo). Se imponen estas medidas porque el poder que le da el sistema a un presidente es tan grande que hay que recortar sus facultades. No ocurre eso en sistemas parlamentarios, en donde los jefes de gobierno pueden repetir los mandatos sin límite alguno. Es porque el pueblo elige legisladores que juntan mayoría para formar gobierno; es decir, no eligen a una persona sino a un partido.

    En un régimen presidencialista, se elige una persona con sus afectaciones (se le exige edad mínima, nacionalidad, rentas, no tener inhibiciones personales, a veces se ha pedido un credo determinado). Una de esas afectaciones es la que surge del estado matrimonial, que convierte, para bien o para mal, a dos personas en una sola.

  • Nepotismo

    Desde la antigüedad, los sistemas políticos que aspiran a la igualdad han intentado reprimir ese tribalismo que es el nepotismo que instaura a los propios en el poder por el solo mérito de pertenecer a la grey. Los papas designaban sucesores a sus sobrinos (nipotes), que muchos presumían eran sus hijos; en los regímenes militares se llegaba a un ministerio por ser coronel; en una democracia, por pertenecer al partido ganador. Pero el extremo de imponer a los familiares en el poder reduce las costumbres a la escala más baja del engreimiento (presunción de ser más por pertenecer a la grey). El nepotismo transmite la señal más perversa a la sociedad: que sólo se puede tener poder si se es parte de la familia del poder. No es exclusivo de la política tampoco el nepotismo, en un país que cada diez años pulveriza su moneda, su economía y su sistema político. Habrá que creer que hay fuerzas oscuras que para asegurar el dominio de ciertas castas promueven esos cataclismos decenales en la Argentina. Así como hay presidenta por ser la esposa del antecesor, hay hijos que son legisladores por el mérito simbólico de sus padres (la veterana Norma Bidegain, hija del ex gobernador de Buenos Aires; los jóvenes Victoria Donda o Juan Cabandié, hijos de desaparecidos). ¿Mérito?

    Seguramente no porque esa tragedia que vivieron no los capacita. Pero se los premia por pertenecer a una grey, como los sindicalistas hijos de sindicalistas que nunca barrieron una vereda (el niño Víctor Santamaría, portero simbólico), nunca vendieron una póliza (el niño Valle, del sindicato de corredores de seguros) o jamás manejaron un camión (el niño Moyano, segundo de papá en el gremio de los camioneros). Alguna vez habrá que pedirle al dirigente sindical que pruebe que en algún momento desempeñó la actividad a la que representa.

    La novedad del planteo la aportan esta vez los Kirchner mismos: nunca antes un partido había estado dominado tanto por un mandatario; nunca se había designado a dedo a un cónyuge como sucesor (lo había hecho Perón cuando eligió a Isabel, pero como vice).

    También son novedades que en la Argentina se eliminó la cláusula de no reelección y que el actual gobierno aplica una aspiradora de unitarismo que choca contra la tradición federal del país: acumula recursos no coparticipables, captura facultades de municipios y provincias, renacionaliza el sistema fiscal, educativo y de seguridad. En suma, un panorama que abre el debate -viejo en la Argentina desde 1816- sobre los daños de la suma del poder público.
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