31 de agosto 2006 - 00:00

Lula da Silva, de fiesta, se acordó mal de Kirchner

«Hay momentos, mis queridos, en que tengo ganas de mandar a Kirchner a la puta que lo parió. La verdad es que tenemos que tener mucha paciencia para aguantar a la Argentina, mucha paciencia.» Le atribuyen haber dicho esta frase a Lula da Silva dos periodistas brasileños que lanzaron un libro en el que relatan sus «Viajes con el presidente». Los profesionales Eduardo Scolese y Leonencio Nossa, acreditados en el palacio presidencial del Planalto por los diarios «Folha de Sao Paulo» y «O Estado de Sao Paulo», recogieron algunas lindezas verbales del mandatario brasileño que se conocen a poco más de un mes de la elección en la cual Lula buscará un nuevo mandato como presidente del Brasil.

El hallazgo de frases dichas en la intimidad o ante micrófonos abiertos al público, pero que debían estar apagados, son ya un género del periodismo que se tolera en honor al entretenimiento. Pocos políticos se expresan con sinceridad sobre su tarea o sobre los demás protagonistas de su oficio y se entiende que se les capturen frases u opiniones que se guardan de decir en público. Nadie los sancionaría por eso, salvo las víctimas de esa expresiones, como es el caso de Kirchner, que seguramente anotará esa frase hiriente de Lula. Más cuando se explica que el insulto al presidente argentino lo profirió después de haberse atizado con cuatro vasos de whisky.

Según cuentan los dos periodistas, durante un viaje a Tokio, en mayo de 2005, Lula se mostró enfurecido por la oposición de la Argentina a las pretensiones brasileñas de ocupar un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, y expresó su impaciencia con el presidente Kirchner.

En la misma cena, después de recibir la noticia de Brasilia de que el gobierno había perdido una importante votación en el Congreso, se desahogó con insultos ante los presentes. Según el relato de Scolese y Nossa, antes de la cena Lula ya había bebido cuatro vasos de whisky y estaba «visiblemente alterado»; en la sala había cerca de 20 personas (ministros, asesores, diplomáticos, diputados y senadores).

Lula calificó, además, de «cachorro de los norteamericanos» al ex presidente uruguayo Jorge Battle, que quería negociar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos; y dijo ante los estupefactos asesores que el ex mandatario fue «criado» en Estados Unidos, por lo cual no debería ser considerado uruguayo. Batlle hizo, en realidad, sus estudios primarios, secundarios y universitarios en Uruguay.

El relato sugiere que Lula decidió hablar de todo lo que le incomodaba después que las circunstancias políticas lo habían obligado a asumir posiciones conservadores poco antes de asumir el cargo, a fines de 2002. Parecía también, según los autores, que Lula estaba desilusionado con sus esfuerzos de aproximación con los países vecinos, que le valieron críticas por parte de sectores que defienden una mayor atención de Brasil a Estados Unidos y Europa.

En la misma ocasión lamentó que Chile hubiese decidido incrementar sus relaciones comerciales con Estados Unidos, interpretando ese gesto como un desplante que denotaría el desinterés de los chilenos por Brasil. «Chile es una mierda. Chile es una broma. Ellos hacen sus acuerdos con los americanos. Lo que más quieren es que aquí la gente se joda. Se cagan en nosotros», dijo Lula, según el libro.

Hasta el momento, el palacio presidencial no respondió la solicitud de la agencia «AFP» de comentar o desmentir las informaciones del libro.

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