El diario «Folha de Sao Paulo» aclarará hoy la confusión que creó su publicación atribuyendo al presidente Lula la frase sobre la próxima elección argentina. Habría dicho: «La elección será ganada por el candidato de Duhalde, el gobernador Néstor Kirchner, hoy el político más a la izquierda del fragmentado partido peronista. Menem no creo que pueda pasar el filtro de su partido».
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«Folha» aclarará -según hablamos ayer con ese diario-que no es ninguna declaración formal de Lula, sino que serían frases extraídas de una conversación en un cóctel en la Embajada de Brasil en París.
La frase disgustó en la izquierda criolla, que no tiene a Kirchner como propio y donde todo militante aspira a colgarse de Lula. Le pasa a Luis Zamora, Elisa Carrió, el sindicalista Víctor De Gennaro, Alfredo Bravo, y desde ya también a Kirchner y es posible al mismo Adolfo Rodríguez Saá. Ahora, se espera que no haya hablado así.
Duhalde en Brasil le pidió a Lula un pronunciamiento para Kirchner y no lo logró, quizá influenciado el brasileño por la experimentada cancillería en Itamaraty, que le dijo que seguir apostando contra Carlos Menem podría complicar mucho la relación con la Argentina e inclusive el Mercosur si éste gana la elección presidencial.
Lula en la Argentina, en el Congreso, criticó el «uno a uno» de la convertibilidad en un dardo contra Menem. En la reunión socialista de Porto Alegre, enfervorizado con los oyentes de izquierda, habló de corrupción y mencionó a Menem, Salinas de Gortari, el peruano Fujimori y el brasileño Collor de Mello. Otra imprudencia, a lo que Menem le respondió: «Nadie puede mezclarme con quienes huyeron de sus países y no terminaron sus mandatos. Yo los cumplí y afronté todas las acusaciones en mi país».
Si «Folha» aclara, bajaría el tono de las frases de Lula porque ya es demasiado que quiera tener máxima relación con la Argentina y consolidar el Mercosur y ahora también introduzca una cuña en la izquierda autóctona.
Quizá más graves sean otras palabras de Lula: «Si derrotan a Chávez, mañana será mi turno, después el de la Argentina y Chile».
Lula sabe que, aun en segunda vuelta, no logró el 83% de Chirac en Francia sino apenas 62%. También sabe que los brasileños son muy celosos y nacionalistas sobre el desarrollo alcanzado. Y debe tener presente que su más cercano antecedente, Joao Goulart, cuando coqueteaba con la izquierda desde la presidencia, fue derrocado por los militares en 1964. Dos años después, en 1966, caía Arturo Illia, en 1973 Salvador Allende en Chile. La diferencia fue que los militares brasileños y chilenos mataron la democracia pero desarrollaron extraordinariamente la economía. Los argentinos, no. Pero igual se nota que Lula percibe que un golpe militar en un Brasil tan poderoso pondría en jaque las democracias de muchos países latinoamericanos, retornando a una época pasada en que Estados Unidos tuvo que sobrellevar dictaduras porque le era muy difícil atacar el inicio en Brasil.
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