14 de abril 2003 - 00:00

Lula hizo dudar más a Duhalde sobre Cuba

Pasado mañana, la Argentina debe votar sobre la situación de los derechos humanos en Cuba en la comisión de las Naciones Unidas abocada a esa materia. El régimen de Fidel Castro condenó, al cabo de un juicio sumarísimo, a 78 disidentes. Tres de ellos fueron fusilados y el resto condenados a 1.454 años de prisión por «conspirar a favor de los Estados Unidos». Sin embargo, Eduardo Duhalde sigue dudando sobre el sentido en que el país votará el miércoles: si mantendrá la postura tradicional de condenar las violaciones castristas a los derechos humanos o si modificará esa postura y se abstendrá de votar. Alfredo Chiaradía, el embajador en Ginebra y encargado de expresar la posición argentina, esperará hasta mañana a la noche a que Duhalde se decida. El jueves, de regreso desde Madrid, el Presidente parecía dispuesto a condenar al castrismo, inspirado en dos datos que modificaron su temperamento anterior al viaje. Uno de ellos fue el consejo de José María Aznar, el primer ministro de España, quien con el tono didáctico que aplica habitualmente con su colega argentino le sugirió: «Eduardo, te conviene ser claro en el tema de Cuba y no aparecer enfrentado con los Estados Unidos. Tenés que pensar en la suerte de tu país». El otro factor de cambio en la imagen que se va formando Duhalde sobre el problema de los derechos humanos en Cuba fueron los fusilamientos. Pero, aun conocidas esas sanciones atroces, él siguió mostrándose dubitativo.

En favor de la abstención existen dos influencias poderosas para la mentalidad del Presidente. Una, clásica, la de Raúl Alfonsín, quien también frente al gobierno de Fernando de la Rúa se manifestó favorable a la abstención (en aquella oportunidad planteó un conflicto estridente con Adalberto Rodríguez Giavarini, el canciller). La otra opinión que incide en Duhalde es la de Lula Da Silva, quien se comunicó con él el viernes por la mañana, según la información de dos funcionarios que pasan el día en las inmediaciones del mandatario. El presidente de Brasil volvió a Duhalde al estado de incertidumbre del que lo había sacado Aznar. Brasil se abstiene tradicionalmente en la votación de la Comisión de Derechos Humanos referida a Cuba y ahora, con un gobierno del PT, esa conducta se verá reforzada a pesar del giro pragmático que dio el sindicalista-presidente en otras materias, como la económica.

• Minicrisis

La posición sobre Cuba generó una minicrisis de gabinete en el duhaldismo. El viernes por la tarde el Presidente mantuvo una discusión agria con uno de sus principales colaboradores, quien le había manifestado que, una vez producidos los fusilamientos en la isla, no había ya margen para modificar el voto. El embajador en los Estados Unidos, Eduardo Amadeo, es otro de los que presionan en favor de mantener la condena al régimen cubano. Desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos ya le mandaron señales suficientemente numerosas como para que Amadeo llame varias veces por día a sus amigos en Buenos Aires militando en contra de Castro: no quiere que Duhalde lo haga quedar mal ante sus amigos de Washington.

El otro abogado en favor de que el gobierno se mantenga al lado de los Estados Unidos en la votación es el embajador en la OEA, Rodolfo Gil. La tarea de este funcionario es ingrata: durante años sembró argumentos tercermundistas en la cabeza del Presidente, pero ahora debe neutralizar ese catecismo.

Amadeo y Gil militan en la interna al lado de Néstor Kirchner. En el caso del primero, no tiene otro remedio: intentó mil veces hablar con Eduardo Bauzá, pero «el Flaco» no le atiende el teléfono, lo que es grave en el caso del mendocino, generalmente ecuménico (alguien convenció a Bauzá de que Amadeo tuvo que ver con la nota de «The New York Times» en la que se involucró a Carlos Menem con el atentado contra la AMIA). La paradoja es que estos dos diplomáticos del duhaldismo estarían mejor expresados por las palabras de Menem («debe condenarse a la dictadura cubana» dijo anoche frente a Mariano Grondona) que por las incertidumbres de Duhalde o de su candidato, Kirchner. El gobernador de Santa Cruz todavía no se pronunció de manera oficial, abierta. Aunque después de los fusilamientos también es posible que condene la política de Castro.

Para el gobierno no debería resultar problemático ser consecuente con lo que se vino votando en los últimos años, que incluyen 2002, cuando ya gobernaba Duhalde. Carlos Ruckauf, quien también considera disparatado alejarse de la gestión envuelto en la bandera cubana, buscó algunas razones que permitan al Presidente sobreponerse a su tradicional animadversión hacia los Estados Unidos. «Rucucu» le hizo ver a Duhalde que el voto contra Cuba no es necesariamente una señal de alineamiento: la Argentina se mantiene en la misma posición que los países europeos, igual que en el voto sobre la situación de los derechos humanos en China y en el conflicto árabe-israelí, donde nunca se votó de manera alineada con Washington. Pero para Duhalde estas observaciones son «coartadas». El sigue tan antinorteamericano como siempre, aumentada esa fobia por un detalle que comentó a este cronista uno de sus colaboradores más inmediatos: «Se pasó mucho tiempo mirando la televisión durante la guerra de Irak y eso lo puso muy mal, igual que a Chiche. Usted, sabe, ellos odian el poder».

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