El mismo día (1 de marzo) en que Néstor Kirchner le hablará al país desde el Congreso sobre el caldeado tema de la deuda y el default, en medio de la angustia por estos temas y la conmoción de los mercados, en el Ministerio de Relaciones Exteriores se convocará a una retahíla impresionante de periodistas para que asistan a la condecoración del cantante Joan Manuel Serrat.
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Lo que se dice, una maniobra de distracción del canciller Rafael Bielsa, quien, en el medio de las inhibiciones y posibles embargos al país, diseña una estrategia cultural premiando a un famoso divulgador musical de la poesía de otros.
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