Macri dejará sólo 20% de publicidad en calles porteñas

Política

Como un anticipo de lo que será la veda a la publicidad callejera, Mauricio Macri desplegó ayer una batalla contra carteles en infracción y dijo que el espacio público «debe ser respetuoso, no violento y sin contaminación visual». Con esa consigna, el jefe porteño está terminando el borrador de un duro código publicitario para la Ciudad.

Subido en una grúa, en el barrio de Agronomía (avenidas Beiró y Constituyentes) Macri pegó una faja con la leyenda «Publicidad en infracción, en la zona que, por tratarse de un distrito denominado UP (Urbanización Parque), está prohibido el emplazamiento de dispositivos publicitarios de cualquier tipo.

Ese sexto operativo que realiza, es sólo el anticipo de lo que Macri pretende como exposición del negocio publicitario en las calles porteñas. Se propone dejar solamente 20% del espacio actual que se utiliza. Además, claro, de barrer con unos 30 mil espacios que asegura ocupan carteles no autorizados.

Es la clave del nuevo código de publicidad que viene discutiendo con las cámaras del sector que, en principio le dan la razón en un aspecto: la contaminación visual ya es insoportable. Y, esa abundancia también, saben, perjudica a los avisadores.

Sin embargo, lo más importante de la nueva regla que en las próximas semanas el Ejecutivo enviará a la Legislatura porteña, es el concepto que tratará de imponer mediante esa ley. Se trata de concebir el espacio público como paisaje cultural y urbano, al estilo de las ciudades más modernas y con los criterios que tratan de imponer desde hace años, los urbanistas que piensan la ciudad como algo articulado, donde no deberían mostrarse decisiones azarosas, sin obedecer a una planificación que abarque el espacio público, las zonas verdes, la no contaminación ambiental, ni sonora, ni visual. Eso, un diseño, es algo de lo que carece la Ciudad de Buenos Aires, que se inunda de torres de viviendas de lujo en espacios que terminan atentando contra la calidad de vida que buscan quienes podrían ser sus moradores.

En ese sentido lo explicó el ministro de Ambiente y Espacio Público, Pablo Piccardo, a este diario con respecto a la limitación de la publicidad callejera. Dijo que se trata «de un concepto nuevo, donde el bien tutelado es el paisaje urbano». El funcionario se refirió a la letra de la Constitución porteña sobre el derecho del ciudadano a tener «un espacio de calidad» y «reconstruir el espacio visual». La legislación actual es del año 80 y según Piccardo «es demasiado permisiva, confusa y desactualizada y genera irregularidades». Sobre esos fundamentos versa el nuevo código publicitario que está referido a los carteles en terrazas, obras en construcción, edificios, baldíos o marquesinas, pero no abarca lo que se llama mobiliario urbano. Es decir, el código excluye los refugios de paradas de colectivos, los llamados chupetes y todas las carteleras que pertenecen al Gobierno de la Ciudad. Esos espacios están regulados por otra ley y una licitación fallida varias veces.

Así, el código establece zonas en donde se podrá exhibir publicidad y otras que no. Por ejemplo, estará vedado en el casco histórico que comprende los alrededores de la Plaza de Mayo y se extiende hacia San Telmo. Sin embargo, habrá permisos especiales para lugares clave, como el Obelisco, la avenida Corrientes o la calle Lavalle en el centro porteño.

«Lo que se hará es reducir las zonas donde será posible la exhibición de carteles y en las zonas permitidas se reduce el espacio disponible».

Actualmente, en una terraza de un edificio se puede vender o arrendar el espacio aéreo para colocar un cartel cuyas dimensiones no excedan en una vez y media la altura del edificio. Esa posibilidad seguirá existiendo pero la proporción será menor y no en todos los barrios.

De ese modo la publicidad callejera aumentará de precio por menor espacio para colocarse, pero, según las conversaciones del ministro con referentes del sector, lo que sucede actualmente es perjudicial también para el negocio publicitario. La existencia de miles de carteles no autorizados, por un lado y la abundancia de espacios habilitados por otros, estaría perjudicando los ingresos de las empresas dedicadas a la actividad.

«El negocio está deteriorado por la competencia ilegal que tampoco sirve a las empresas y anunciantes», explicó Piccardo, quien admitió que por el momento hay conversaciones con las firmas del rubro, pero no un total acuerdo, ya que no verían con agrado la reducción de 80% de los espacios que es aproximadamente lo que plantea el gobierno de Macri.

«Todo esto ayudará a reducir dramáticamentela contaminación visual», aseguró el ministro, quien por otra parte está rediseñando su área tras el desplazamiento del subsecretario de Higiene Urbana. Esa dependencia será ahora desdoblada en dos, una dedicada a la recolección de residuos y limpieza de las calles, y la otra al reciclado y cartoneros.

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