Mal augurio para Solá, lo reemplazarían por Urquía

Política

Cristina Kirchner no está dispuesta a ceder nada en el Congreso, un ámbito al que reconoce como peligroso; de allí su pasión por mantenerlo controlado. Por eso con la presidencia de Diputados no quiere correr riesgos. Tras una primera candidatura de Felipe Solá para ese puesto, aparecieron otras como la de Agustín Rossi o Eduardo Fellner. Pero ninguno de ellos se acerca en la confianza de la candidata al cordobés Roberto Urquía. El dueño de la mayor aceitera del país y protegido de la primera dama podría haberse quedado en el Senado. Pero Cristina le tenía otro destino: es candidato a diputado por su Córdoba natal y su hombre para presidir esa Cámara si ella consigue la presidencia.

La presidencia de la Cámara de Diputados siempre fue un puesto estratégico a cubrir en cualquier gobierno. No sólo por ser el tercer lugar en la línea de sucesión presidencial -de hecho esa cadena se utilizó en la crisis de 2001 cuando Eduardo Camaño llegó por esa vía a ser presidente por unas horas-, sino por la necesidad de todo gobierno de mantener el verdadero control sobre la sanción de las leyes en esa cámara, que usualmente puede ser la más rebelde. La salida de Alberto Balestrini de ese lugar para partir a secundar a Daniel Scioli en Buenos Aires, dejó un hueco allí que pareció, en inicio, llenarse inmediatamente con las ganas de Felipe Solá de sentarse en el máximo sillón de la Cámara.

Surgieron después los apoyos del bloque kirchnerista a su actual jefe, el santafesino Agustín Rossi, para acceder al cargo. El problema es que con Rossi no se respeta la eterna regla que obliga a entregar la presidencia de Diputados a un representante de la provincia de Buenos Aires. Es cierto que esa ley ya se rompió durante el breve paso de Fernando de la Rúa por el gobierno, cuando accedió a ese privilegio un porteño, Rafael Pascual. Pero el resto del peronismo kirchnerista no parece dispuesto a recordar ese tramo de la historia.   

  • «Tapados»

    Así, mientras los diputados sostienen a su jefe Rossi, -en un intento quizás de pensar que «si sube él, subimos todos»-, hay dos «tapados» que podrían desplazar a cualquier candidato de la presidencia de la Cámara: uno de los más publicitados es Eduardo Fellner, pero el que realmente ya casi tiene el sillón bajo su comando es uno de los pocos hombres en quien Cristina de Kirchner confía en el Congreso: el cordobés Roberto Urquía.

    Ese zar del aceite argentino -dueño de Aceitera General Deheza, primera exportadora de aceites de capital nacional- ocupa hoy una banca de senador por Córdoba. Y aunque no necesitara renovar mandato, ya que podría continuar dos años más en su banca, es hoy candidato a diputado por su provincia, por expresa exigencia de la primera dama. Desde ese lugar podrá acceder a controlar la Cámara de Diputados y contentar así a

    Cristina
    .Ya antes pensó ella en que fuera candidato a gobernador de Córdoba. Incluso su vicepresidente. Se lo impidieron a Urquía compromisos familiares y empresariales.

    Con ese camino trunco, Solá sueña ahora con otro destino: ocupar un ministerio de Medio Ambiente que se le deberá crear especialmente. El todavía gobernador bonaerense cree que desde allí podrá imponer en la agenda argentina una temática tan taquillera como es el cuidado ambiental. Luchar por frenar el cambio climático sería uno de los ejes centrales de su gestión.

    Experiencia para el cargo no le falta después de años de haberse ocupado de temas agrarios en el país. Se sabe que una de las principales fuentes de emisión de gases que colaboran con el efecto invernadero son las flatulencias de las vacas, que contienen alto contenido de metano.

    Estudios en los Estados Unidos demuestran que 90% de esas emisiones que producen también los «fuegos fatuos» llamados por el saber popular en el campo «luz mala» -provienen también de los pantanos, la deforestación y la descomposición de animales muertos- pasarían a ser una de sus responsabilidades, más en un país que debe multiplicar su stock ganadero si no quiere entrar en una crisis de provisión de carnes.

    Pero en el kirchnerismo le armaron también otro camino. Con la salida de Cristina Kirchner del Senado, la banca por la provincia de Buenos Aires pasaría a su sucesora, Graciela Ocaña. Se sabe que la jefa del PAMI no quiere ese destino: prefiere quedarse en su actual puesto u ocupar algún cargo ejecutivo dentro del próximo gobierno. El lugar pasaría entonces a Eric Calcagno, lo que dejaría vacante la embajada en Francia, lugar al que pretenden enviar a Solá.

  • Planes paralelos

    Pero en el gobierno existen también planes paralelos para el territorio bonaerense.

    Quizás por el síndrome nunca superado de haber accedido a la Presidencia con 22% de los votos, siente que debe convalidar solo todo territorio. Tal como lo hizo con su esposa contra los Duhalde en 2005, el año próximo los Kirchner planean armar una elección para reemplazar el cargo de senadora que Cristina K dejará libre; quieren tener un ganador propio que no vaya de la mano de Daniel Scioli, como sí sucederá ahora en la provincia. En esa pelea podría anotarse también Solá para capitalizar su paso por la gobernación y tener una suerte de revancha por no haber conseguido la reelección.
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