A Roberto Monteverde, el nuevo hombre fuerte de la Unión Obrera Metalúrgica, se le fue la lengua y terminó armando un malentendido. Este sindicalista y ex diputado nacional fue el principal orador del homenaje a José Ignacio Rucci, que se realizó ayer en la Chacarita por el 28º aniversario de su muerte. En medio de su discurso, reclamó por «la unidad del movimiento obrero», una muletilla que siempre da éxito entre la concurrencia a ese tipo de actos. Pero Monteverde fue más allá y pidió a los dos secretarios de las CGT, Rodolfo Daer y Hugo Moyano, que hagan un gesto en favor de la unidad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Moyano y Daer miraron hacia el mausoleo de Rucci y no pudieron hacer de menos: prometieron que se unificarían las dos centrales, ante un pelotón de dirigentes sindicales que bajaron la vista en señal de «en qué lío nos están metiendo...». Entre ellos estaban Oscar Lescano, Lorenzo Miguel, Luis Guerrero, Luis Cejas, Miguel García, etcétera.
Fuera de la emotiva atmósfera que rodeó a esa conmemoración del secretario general de la CGT que murió baleado en 1973, la discordia volvió a aparecer. Hasta en la UOM de Monteverde, donde una línea disidente realizó su propia misa para homenajear la memoria de Rucci (la organizó Naldo Brunelli, de San Nicolás, la seccional de la que salió el dirigente fallecido).
Lo mismo sucedió con la pretendida unificación: «Ni locos», confesaban por la tarde dirigentes de una y otra fracción. Las razones son varias. Primero, entre los moyanistas y los que rodean a Daer sólo hay menosprecio y, a veces, odio. Pero, además, las estrategias de unos y otros son complementarias y sólo funcionan en medio de la división: mientras Moyano vive de potenciar su conflicto con el gobierno, los «gordos» se dedican a «cobrar» su moderación y fidelidad.
Dejá tu comentario