28 de junio 2005 - 00:00

Malvinas: confirman que enviaron en 1982 barcos con armas atómicas

El crucero ARA General Belgrano, hundido durante la Guerra de las Malvinas en 1982 por un submarino nuclear, mientras buques ingleses portaban al Atlántico Sur armamento atómico.
El crucero ARA General Belgrano, hundido durante la Guerra de las Malvinas en 1982 por un submarino nuclear, mientras buques ingleses portaban al Atlántico Sur armamento atómico.
El autor de la llamada « historia oficial» de la Guerra de las Malvinas ordenada por el gobierno británico confirmó ayer que varias naves que participaron del conflicto enviadas por Londres llevaban armas nucleares. Esa posibilidad había sido adelantada, pero sin detalles por el gobierno inglés en 2003. Ayer, el historiador Lawrence Freedman, autor de la «Official History of the Falklands Campaign», dos volúmenes de más de mil páginas, explicó que Londres no planeó el envío de ingenios nucleares sino que la prisa con la que se desató el conflicto impidió desmontarlas de las naves enviadas.

«Lo más interesante que hallé en mi investigación -y sobre lo que no había caído en la cuentaes que Gran Bretaña llevó armas nucleares al Atlántico Sur», dijo Freedman ayer en un reportaje que dio a la agencia «ANSA». «Eso me impactó», admitió.

Freedman explicó que su libro constituye la «más extensa investigación» sobre este episodio y contó que dos buques -las fragatas Brilliant y Broadsword- que llevaban cargas de profundidad nucleares, fueron llamados a unirse a la fuerza naval británica, y la preocupación surgida en el gabinete de guerra británico respecto a si enviar esos barcos a la batalla. Según él, los británicos «no planeaban usar esas armas nucleares» en su conflicto con los argentinos, pero carecían de tiempo para sacar las armas. «Habrían preferido no llevarlas, pero no podían sacarlas de los buques fácilmente, porque era muy difícil mover las armas nucleares cuando los navíos habían zarpado de Gran Bretaña», explicó Freedman en la entrevista.

«Sacar de los barcos esas armas nucleares era un proceso complicado, que habría causado retrasos», dijo el investigador, insistiendo que las autoridades británicas se sentían «muy incómodas» porque los buques de su armada llevaban armamento nuclear.

El libro explora también, entre otros temas controvertidos, las dudas en Gran Bretaña respecto a su soberanía sobre ese territorio del Atlántico Sur, elaborando una crónica desde la ocupación británica del archipiélago, en 1833.

«Históricamente podemos decir que había dudas respecto de lo que pasó en 1830, cuando Gran Bretaña emprendió una acción militar y ocupó las Falklands, sin que la Argentina pudiera hacer algo sobre eso», dijo.

«Aunque eso no quiere decir que los reclamos de la Argentina sobre ese territorio fueran válidos», opinó Freedman, que rechazó en la entrevista que su libro pueda ser visto como dando base a los reclamos argentinos sobre las islas, que el gobierno de Buenos Aires intentó recuperar militarmente en abril de 1982.

Según Freedman, «la cuestión
de la soberanía se basa ahora en el hecho que los isleños han estado bajo la ocupación británica» desde 1833, salvo durante ese breve período, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, cuando los argentinos ocuparon las islas.

El libro explora asimismo la posición de Chile en esa guerra, que oficialmente fue neutral pero en realidad fue de apoyo a Londres, en un contexto de solidaridad hemisférica con la Argentina.

Freedman subrayó también en la entrevista las «inmensas presiones» que ejerció Washington sobre Londres para concluir la guerra de alguna manera «que no empujara a la Argentina a una derrota humillante» y cómo esas presiones crearon «tensión en las relaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos».

• Apoyo considerable

Todo eso, mientras Washington daba un «apoyo militar considerable» a Londres, afirmó el autor.

Aclaró que su intención fue «escribir la historia de ese conflicto bélico, no llegar a una conclusión, ni echar culpas a uno u otro lado».

«Mi trabajo no era llegar a un juicio definitivo de si la guerra fue correcta o no», dijo. «Es la gente la que deberá sacar sus propias conclusiones», concluyó el investigador.

Basándose en documentos oficiales, muchos de ellos secretos, el director del Departamento de Estudios de Guerra en King's College, en Londres, explora en su libro las « controversias» que rodearon ese conflicto, entre ellos el
hundimiento del buque argentino General Belgrano, torpedeado por un submarino inglés.

En la nota con la «AFP», pocos días antes de la publicación del libro, Freedman rechaza que ese acto se debiera a la voluntad de la entonces primera ministra
Margaret Thatcher de torpedear un plan de paz que buscaba poner fin al conflicto bélico, que dejó 649 argentinos y 255 británicos muertos.

«El hundimiento del Belgrano fue el resultado de una decisión militar, no política», afirmó a la «AFP» Freedman, quien explica que su libro es «oficial porque está basado en fuentes primarias, no porque sea una historia oficialmente aprobada» por el gobierno británico.

El historiador indicó que, aunque ya había escrito dos libros sobre este conflicto y no esperaba hallarse con grandes novedades, sí se llevó algunas sorpresas al estudiar los documentos oficiales.

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