Imparable, Rafael Bielsa ahora prepara una protesta ante la administración de los Estados Unidos por la cuestión Malvinas. No se había visto tanta efusividad del canciller -quiso pelear durante el conflicto del '82 como voluntario- en la disputa insular desde su asunción al cargo. A no ser que el doble rol de ministro y candidato a diputado por el distrito porteño haya disparado la acción que sin dudas garantiza prensa. Otros intentaron ya en 1982 utilizar la causa Malvinas con resultados nefastos.
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Antes de partir hacia Nueva York, donde participó de una sesión del Comité de Descolonización de la ONU, agregó a la carpeta de viaje el análisis detallado de la protesta que se entregaría al Departamento de Estado del gobierno estadounidense. La razón que dio pie al reclamo fue el conocimiento de la visita a Leonard Kusnitz, subdirector de Brasil y Cono Sur del departamento de estado, que harían (e hicieron) John Birmingham y Stephen Luxton, consejeros isleños, quienes trataron de matón al gobierno nacional en su exposición ante el Comité de Descolonización.
Por fuentes periodísticas, la Cancillería se enteró de la gestión que iban a realizar estos isleños en los Estados Unidos y fue interpretada como una búsqueda de apoyo del gobierno norteamericano en la controversia de soberanía. El punto es que para la Argentina la contraparte en la disputa es Gran Bretaña y no se reconocen a los isleños como actores en la negociación. Con estos datos y el antecedente de un contacto similar efectuado el año pasado por los entonces consejeros kelpers, Mike Summers y Roger Edwards, la dirección general de Malvinas y Atlántico Sur a cargo del embajador Eduardo Airaldi, elaboró el proyecto de protesta. Airaldi integró la comitiva del canciller que participó en la sesión del Comité de los 24. El meollo de la cuestión es poner en conocimiento de la administración de George W. Bush, el desagrado del gobierno argentino si tales reuniones se llevan a cabo y, en consecuencia, bloquear la entrevista. Igual represalia había encaminado el embajador José Octavio Bordón, el 21 de julio de 2004, sin éxito, pues el funcionario Kusnitz recibió a los kelpers a pesar de la rabieta oficial.
• Protesta
El camino aprobado por la Cancillería esta vez, fue citar al embajador Lino Gutiérrez y entregarle un «non paper» con seis puntos de protesta y el agregado del estado de la negociación en temas de fondo: comunicaciones con las Malvinas, hidrocarburos, conservación de recursos pesqueros, delimitación de la plataforma continental, desminado y monumento a los caídos en Darwin.
Lo más fuerte del documento dice: «El gobierno argentino ha tenido conocimiento de que medios isleños informan de gestiones que habrían realizado los antes citados peticionarios británicos (Luxton y Birmingham) en su pretendida calidad de funcionarios de las islas a fin de ser recibidos en el Departamento de Estado. Si ello ocurriese se reiteraría lo acontecido el 21 de julio de 2004, cuando otros pretendidos funcionarios (Summers y Edwards) fueron recibidos en el Departamento de Estado,acto respecto del cual la Embajada de la Argentina comunicó el desagrado del gobierno argentino al entonces señor subdirector de Brasil y Cono Sur, Leonard Kusnitz. El gobierno argentino anticipa su rechazo para el caso en que se reciba a pretendidas autoridades designadas conforme a la legislación de la potencia ocupante ilegítima de una parte del territorio argentino. Dichos integrantes de un cuerpo de la administración colonial británica en las islas Malvinas que la República Argentina no reconoce procuran obtener un estatus internacional que no poseen y que no corresponde que encuentre sustento en terceros estados como el gobierno estadounidense».
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