15 de junio 2005 - 00:00

Malvinas: queja a Londres por envío de nave nuclear

Antes de dejar el Ministerio de Relaciones Exteriores por la candidatura a diputado del distrito porteño, Rafael Bielsa guardará para su relevo varios ítem sin solución de la cuestión Malvinas, más allá del tema de fondo: el de la soberanía que expone hoy en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

Uno de ellos tiene prioridad y se vincula con el despliegue de un buque de la Royal Navy con armas nucleares en la zona de aguas en disputa alrededor de las Malvinas. Ya hubo tensiones que trascendieron el marco bilateral y llegaron a consideración internacional cuando trascendió que el destructor HMS Sheffield, hundido en la Guerra de Malvinas, portaba cabezas nucleares que podrían contaminar la biomasa oceánica.

• Preocupación

Este nuevo asunto lo trató en Londres el embajador argentino Federico Mirré, quien figura en la lista de postulantes al cargo de canciller. El diplomático de carrera eligió un día especial para visitar el edificio del Foreign Office (FO) en la calle King Charles: 25 de Mayo, efemérides de la revolución que terminó con la dependencia del reino de España.

Claro que la gestión oficial de protesta fue ante un funcionario -John Culshaw, director para las Américas del FO- de otro reino, el de Gran Bretaña. La protesta que en el idioma ambiguo de los profesionales de la diplomacia suele lanzarse en primera instancia como «preocupación» fue transmitida de manera verbal por Mirré y rigurosamente redactada a posteriori para conocimiento de Bielsa. ¿Habrá llegado también a la Casa Rosada?

• Nave moderna

Mirré, junto al ministro Pablo Tettamanti, planteó a Culshaw -que estaba secundado por Paul Martínez, responsable de la Argentina en el FO- la preocupación por el despliegue del navío HMS Portland a Malvinas, según lo consignaba una revista militar inglesa. La moderna fragata del tipo 23, construida en la década actual, con tecnología «stealth» como los aviones espía (reduce la posibilidad de detección radar) tiene capacidad para llevar misiles con ojivas nucleares tácticas. El fondo de la cuestión surgió de un artículo de la revista «Focus», levantado por el tabloide «Sunday Express» y hablaba de una nueva invasión militar argentina a Malvinas. Pero nada se dijo entonces de la gravedad institucional que trajo aparejado el artículo de marras, motor de la protesta del embajador. Es que se publicó en el ejemplar Nº 188 de la revista «Focus», que no es un semanario cualquiera. Se trata de una publicación del Ministerio de Defensa Británico de amplia distribución en las bases militares de Gran Bretaña. ¿Una picardía del editor o la preparación de terreno fértil para cosas mayores?

El dato conmocionó al titular de la representación argentina en Londres.
Mirré, como todo diplomático criollo, tiene exacerbado el olfato para detectar estas maniobras sobre la opinión pública. Y la historia reciente explaya que el conflicto de 1982 comenzó a gestarse con el descontento en la Royal Navy por recortes en el presupuesto y ventas de buques justo cuando se producía el desembarco de los chatarreros argentinos en las islas Georgias para desmantelar una antigua estación ballenera. El informe del embajador detalla a Bielsa que su interlocutor británico, el director Culshaw, admitió que lo publicado en la revista « Focus» «No debía leerse como demostrativo de un cambio en la voluntad británica de colaborar y cooperar con el país, por lo que no debían verse estos artículos como un retroceso.» Y según menciona Mirré en su escrito, la explicación de Culshaw a tanta palabra desafortunada del semanario tanto en su tapa como en el texto era en parte responsabilidad del comodoro del aire Richard Lacey (citado como fuente en «Focus») comandante de las fuerzas británicas en Malvinas, «quien ya ha concluido su función y su reemplazo ya estaba designado».

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