Jorge Matzkin negó ayer que el pedido de veedores de la OEA hecho por Carlos Ruckauf para las próximas elecciones fuera una prevención ante la escandalosa elección del domingo en Catamarca.
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En un intento de esquivar los dardos de Luis Barrionuevo -que ayer siguió amenazando con hablar sobre sus socios políticos del gobierno-, explicó que el pedido de «veedores» hecho por la Cancillería se limita a una cortesía sin ánimo de descalificar la conducta de los jueces electorales en el manejo de los comicios. Es decir, un gasto que parece inútil.
Quizás una manera de retomar las calificaciones de «ridículo» que hicieron en enero pasado Eduardo Duhalde y su embajador en la OEA, Rogelio Gil, cuando también pidió veedores Carlos Menem para la interna PJ, actitud en la que para la jerga oficialista ahora incurrió el canciller.
• Mal humor
Estos magistrados se dijeron molestos por ese pedido como si fuera un reproche del gobierno a su conducta, algo poco entendible ante la prueba de los hechos de Catamarca del domingo. Tanto que la jueza María Servini de Cubría pidió una «urgente» explicación al gobierno de ese reclamo, que, después de todo, es algo habitual en los comicios en todo el mundo.
Los miembros de la Cámara Nacional Electoral, más enojados, le reclamaron también a Matzkin que tome medidas para impedir hechos como los que motivaron la suspensión de la elección catamarqueña.
Eso motivó la apurada respuesta de Matzkin, el mismo funcionario que pidió una suspensión anterior de la elección catamarqueña como si fuera una interna de su partido y, después de los incidentes, por TV en la noche del lunes, intentó justificar los excesos verbales y no tan verbales que terminaron con urnas quemadas y asalto a lugares de votación.
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