10 de enero 2002 - 00:00

Menem adelantó su censura al presentir una persecución

La enemistad de Carlos Menem con Eduardo Duhalde es acaso uno de los datos más conocidos de la política argentina. Pero aun así parecían insuficientes esos malos sentimientos para explicar las declaraciones que el ex presidente formuló al diario «El Mercurio» de Chile. Por eso, se enumeraban ayer varias, algunas constatables a través de información precisa, otras pertenecientes al terreno más brumoso de las conjeturas. Conviene repasarlas:

• La explicación más superficial, y no por eso falta de sinceridad, para la ira del riojano la ofreció él mismo a los dirigentes del PJ que lo acompañaron en Santiago de Chile: «Yo tengo que advertir el peligro ante el cual estamos por el cambio de modelo, y tengo responsabilidad para que la Argentina no se convierta en otra Cuba». Esta lectura es sencilla y cierta: la orientación económica que adoptó Duhalde no es neutral políticamente, sino que representa una descalificación absoluta, tácita y explícita, de Menem y de toda su gestión de gobierno. Es lógico que el riojano reaccione.

• Apuesta

• Sin embargo, el argumento anterior no llega a justificar la virulencia del mandoble y tampoco que haya sonado tan temprano. Por eso se explicaba ayer que lo de Menem más que un diagnóstico es también una apuesta. El cree que en poco tiempo la opinión pública -sobre todo, la más afectada por las medidas cambiarias y bancarias- coincidirá con él. Especialmente, los gobernadores de provincia, que no sólo guardan silencio sobre la política que se ha inaugurado, sino que se han mantenido prescindentes en la integración del gobierno de Duhalde. Menem apuesta a alinear al PJ detrás de su profecía, seguro de que quien pega primero pega dos veces y, además, de que puede decir cosas que los demás han de callar por razones de prudencia. Los mandatarios provinciales dependen hoy como nunca de los fondos que se les deriven desde la Tesorería. El ex mandatario es consciente de que esta cautela le sirve para explicar la conducta de su hermano Eduardo, quien votó la ley del «Plan Reyes» en disidencia con el resto del menemismo, inclusive con su propio hijo, el diputado nacional Adrián Menem. «Eduardo tiene que pensar en los sueldos de los riojanos, aunque le duela el estómago por aprobar la devaluación», se confesó en la mesa íntima de Santiago. Ligadas a La Rioja, también habría otras preocupaciones, como las de la pesificación del cobro de algunas empresas privatizadas de la provincia, por cuyos intereses cuida el ex embajador norteamericano Terence Todman.

• Hay un motivo más sofisticado, sin embargo, para entender el momento y el tono de las expresiones de Menem, acaso las más duras que haya vertido en referencia a otro dirigente de su partido, incluido el propio Duhalde. Según esta interpretación, que en el menemismo está sumamente extendida, el riojano estaría curándose en salud por la eventualidad de alguna persecución judicial. Tanto el ex presidente como varios integrantes de su círculo más estrecho calculan que el duhaldismo, encaramado ahora en el poder, puede buscar venganza por viejos odios e inducir procesos judiciales que tenga la prisión como desenlace. Si esto verdaderamente ocurriera -como, se dice cerca de Duhalde, puede ocurrir en el caso de Domingo Cavallo y el megacanje-, Menem podría presentar los hechos de esta manera: «Me persiguen con la Justicia porque yo denuncié que son ineptos; por lo tanto, me quieren convertir en un preso político». Quienes creen ver esta intención detrás de sus declaraciones subrayan un párrafo: aquel en el cual habla de una conspiración de Carlos Ruckauf, Duhalde y Raúl Alfonsín para voltear a Fernando de la Rúa. La acusación pretendería quitarle legitimidad al gobierno actual y darle el aspecto de un golpe de Estado. Así, pretendería quitar valor a las acciones del gobierno, entre ellas, una eventual embestida judicial contra el menemismo.

• Curiosamente, el enfoque de Menem coincide con el de De la Rúa, quien anunció a sus amigos más cercanos la publicación de un libro en el que quiere desahogarse dando detalles y argumentos sobre la presunta conspiración que lo desalojó del poder. El trabajo tiene inquietos a muchos dirigentes radicales, sobre todo de la provincia de Buenos Aires.

• Las palabras de Menem y las cavilaciones de De la Rúa podrían provocar, si no una crisis de gabinete, por lo menos un dolor de cabeza para algunos ministros. El caso más evidente es el de Daniel Scioli (ver recuadro). Pero también afectaría a Horacio Jaunarena, ministro de Defensa de Duhalde y, antes, de De la Rúa. Si finalmente el ex presidente radical da a luz su obra, Jaunarena tendrá que aclarar si participa de un gobierno golpista o si su antiguo jefe, de quien nunca disintió, ha comenzado a delirar por escrito.

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