En La Rioja, hoy Carlos Menem parece vivir uno de sus mejores momentos. Ha equilibrado su afectos familiares: tuvo a su hija Zulema con el nieto para el cumpleaños, desde anteayer ya recibió a su esposa Cecilia con su hijo Máximo y, al mismo tiempo, presenta las listas mientras hace campaña. No pudo, a pesar de la nueva relación entre ambos, contar con Jorge Yoma como primer diputado -habría aceptado la oferta del gobierno de transformarse en embajador en México-, pero ese apartamiento no lo enemista con la fracción que lidera Yoma en la provincia. Mientras, la campaña se ha vuelto un dolor de cabeza para sus colaboradores. Es que para esta actividad, Menem no reconoce horarios y parte hacia el interior, adelantado por una camioneta y cuando ve tres o cuatro personas juntas, se detiene, empieza a conversar y automáticamente se genera una convocatoria de curiosos y presuntos adherentes.
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Sobre los fondos requeridos para la publicidad, se regocija consigo mismo: «Es curioso, soy el que más trabaja y el único que aporta».
En todos sus recorridos por La Rioja, sin embargo, aunque pase por Nonogasta, casi nunca tropieza con Emir Yoma, su ex cuñado, vínculo que se ha enfriado en los últimos meses. Justamente Yoma, en su fábrica de cuero en Nonogasta, evitaba referirse a esta situación, pero repetía que él no se irá de la Argentina como -aparentemente en broma- hicieron trascender unos amigos. Broma que no se sabe si la forjó él o la forjaron sus cercanos. Lo cierto, dice, es que a Siria fui hace 4 meses por una cuestión familiar y por el momento no pienso volver. Si lo hago, será por cuestiones sociales, no porque haya decidido irme del país.
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