Carlos Menem como senador: el único "besamanos" del poder en el Congreso

Política

La muerte del senador Carlos Saúl Menem desactivó ayer el único “besamanos” del poder real que hubo desde el regreso de la democracia. Ni siquiera la peor época de disputa personal con el kirchnerismo, el de las revisiones sobre la época “neoliberal” y los dardos sobre actos delictivos durante sus gestiones como Presidente, logró que propios y extraños no se acercaran a rendirle pleitesía en el recinto de la Cámara alta. A Menem legislador no lo odiaban ni temían, sino que lo sentían.

“A él no le importaba cuántos galones o medallas tuvieras. Por más que fueras el último orejón del tarro, te seducía como buen encantador de serpientes y te cuidaba como si fueras el Rey de Holanda. Así llegó a la colosal máquina de alianzas que hizo durante su vida”, confió a Ámbito Financiero un cabalgador de jugosas anécdotas menemistas.

Un administrativo de cualquier ministerio, una asesora económica, o un operador junior de Radio Nacional, son algunas personas que conocieron a Menem como mandatario. Eran invitados en grupos a la residencia de Olivos y se llevaban algún presente en agradecimiento por la labor realizada. Por caso, corbatas de colores primarios o secundarios con caras de perros se atesoran como preseas olímpicas a lo largo y ancho del país.

Menem llegó al Senado en 2005 peleado con el kirchnerismo y siempre cultivó un perfil bajo. En 2008 votó en contra de la Resolución 125 durante el conflicto con el sector agropecuario. Luego, el riojano reactivó bilaterales con el cristinismo un par de años más tarde, cuando fue clave -con una abstención- para que el pleno de la Cámara alta diera luz verde a Mercedes Marcó del Pont como titular del Banco Central.

Aquellas eran épocas en las que, tras ese tipo de derrotas, los radicales Ernesto Sanz y el actual gobernador de Jujuy, Gerardo Morales -el más peronista de los UCR- se abrazaban en pasillos con el jefe del bloque oficialista, Miguel Pichetto, y el peronista disidente Carlos Verna, quien logró generosos fondos impensados para La Pampa con estratégicos movimientos.

Pichetto fue casi el único senador al que Menem devolvió, con creces, gestos de respeto. El rionegrino nunca cortó su relación con el riojano y siempre reconoció su “estatura”. También era el único que creía, en medio de un Congreso que pierde de manera impresionante su calidad, que el poder “se construye de a uno”.

Esa directiva llevó a Menem a no respetar casi nunca los horarios durante sus campañas presidenciales. Podía llegar tarde, pero no suspendía. “Quizá pase desapercibido y no interese por los cambios de paradigmas y movimientos dentro de las sociedades. Pero si hay algo que destacaba al ‘Carlo’ era una cuestión trascendental para esos momentos: no tenía miedo”.

Pese al ramillete de causas judiciales que enfrentó, Menem pudo presentarse en 2017 y renovó por segunda vez su banca. En la lista lo siguió la actual vicegobernadora, Florencia López. Si decidiera quedarse allí, el exsenador sería reemplazado por el exministro de Hacienda local Ricardo Guerra.

En las últimas horas, el bloque del Frente de Todos -Menem ingresó allí meses atrás- recordó ciertos puntos de su trayectoria, aunque no olvidó destacar que “acompañó la histórica fórmula nacional del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) que postulaba a la presidencia al doctor Héctor José Cámpora”.

La última inciativa que presentó Menem fue un proyecto de ley en conjunto con su exrival de 2017, el también senador Julio Martínez (UCR). Ambos propusieron, en septiembre pasado, crear “la Universidad Nacional de Arauco, con sede central en la ciudad de Aimogasta, Provincia de La Rioja, para prestar el servicio universitario y desarrollar todas las actividades inherentes a sus funciones en el ámbito territorial del departamento Arauco y su zona de influencia”.

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