25 de octubre 2005 - 00:00

Mercados normales en una lógica recuperación

Triunfo de Macri les calmó la conciencia y triunfo de Kirchner les calmó el bolsillo

El populismo de izquierda de NéstorKirchner eliminó en los comicios eldomingo al populismo de derecha delmatrimonio Duhalde. Brotó en los mismos comicios un centroderechamás consolidado que ranqueóprimero a Mauricio Macri y unnuevo centroizquierda de socialismomodernizado, de tipo internacional,que encabeza el santafesino HermesBinner, capaz de desplazar en el dominiode ese lado de la política al«progresismo» kirchnerista.
El populismo de izquierda de Néstor Kirchner eliminó en los comicios el domingo al populismo de derecha del matrimonio Duhalde. Brotó en los mismos comicios un centroderecha más consolidado que ranqueó primero a Mauricio Macri y un nuevo centroizquierda de socialismo modernizado, de tipo internacional, que encabeza el santafesino Hermes Binner, capaz de desplazar en el dominio de ese lado de la política al «progresismo» kirchnerista.
Sólo en ese modo tan particular de razonar del matrimonio Kirchner, de tribunar siempre con agresividad, de necesidad de tener enemigos o creárselos, de invitar con inusitado fervor a multitudes a transitar caminos que aún no tienen traza, se podría entender que las cifras de su triunfo del domingo no lo hayan satisfecho plenamente.

Ganaron en dos de los cinco principales distritos electorales del país, como son provincia de Buenos Aires (1° del país) y Córdoba (3°) que igualan en calidad política y superan en cifras de votantes a los tres en que perdieron, Ciudad de Buenos Aires (2°), Santa Fe (4°) y Mendoza (5°). Sólo el distrito capitalino, totalmente dominado por Mauricio Macri, puede significar una pérdida hostil. Pero no debería serlo el triunfo del socialista Hermes Binner en Santa Fe ni el del radical Julio Cobos en Mendoza.

Puede dolerles que Carlos Menem haya retenido 40% de la gente de La Rioja sólo con su pasado e insistencia frente al enorme poderío puesto en manos del ahora pro Kirchner Angel Maza que ganó para no asumir (lo hará su hermana pero él hizo la campaña) y hasta haberle sumado al triunfo oficial el exilio forzado de Jorge Yoma. Pero no era de suponer que el ex presidente no llegara al Senado, ni que no lo hiciera Adolfo Rodríguez Saá que alcanzó 63% de los votos en San Luis.

También puede dolerles al matrimonio gobernante y su entorno el enorme esfuerzo -físico con viajes presidenciales y monetario- desplegado contra el nada querido Jorge Sobisch en Neuquén y que éste haya ganado con casi 50% de los votos.

No es común -y menos multitudinario- en países emergentes pero los Kirchner deberían aceptar que al menos existen bolsones de población en toda sociedad que vota con sentimiento y otros con raciocinio y que no todos devuelven en las urnas las prebendas recibidas. En definitiva, revaloriza a un país cuánta de su gente emite sufragio por políticas globales, internas o externas, por encima de los aportes directos del gobernante con fondos disponibles para sustentar su poder. No es sólo una cuestión de ética de la gente sino de desarrollo económico de un país.

La Argentina con sus índices de desempleo, pobreza e indigencia está enormemente lejos de Estados Unidos donde pueden darse lujos electorales como votar para gobernantes a actores como Ronald Reagan o Clint Eastwood, éste en Carmel en el pasado, o Arnold Schwarzenegger en estos días en California. En naciones con bienestar generalizado el voto se puede arriesgar a la intuición. En el subdesarrollo, en cambio, se asegura para el estómago. Los gobernantes saben que repartir no es solución de fondo pero lo aprovechan. Y a la gente no se le puede pedir el lirismo de despreciar.

Para nosotros, los del segundo mundo, todavía «la caja» en comicios es decisiva y nadie la puede disponer más abundante que el gobernante. Si éste es populista -algo común en el subdesarrollo- y coincide con una época próspera, rarísimo que se pierda una elección. Esto ocurrió con Hugo Chávez en Venezuela con el barril de petróleo arriba de 60 dólares y acaba de ocurrir en la Argentina con 27.000 millones de dólares de reservas y China e India desesperadas por adquirir alimentos para su nuevo nivel de desarrollo y consumo.

En este aspecto, que haya ganado con bastante amplitud el matrimonio Kirchner la elección en todo el país el domingo con toda la riqueza oficial en sus manos pero que, a su vez, sorpresivamente se haya consolidado la oposición, con escasos recursos para difundirse redime en buena parte de sus vastos males habituales a los argentinos. Liderazgos con buena economía, como Juan Carlos Romero en Salta, los Rodríguez Saá en San Luis, Jorge Sobisch en Neuquén y otros resistieron bien el dinero directo contra ellos desde la Casa Rosada. Notable es lo de Hermes Binner en Santa Fe cuyo único paredón de protección era su carisma y en medio de un gobierno con logros como el santafesino de Jorge Obeid.

En el matrimonio Kirchner puede haber molestia, pese a su triunfo digno (al menos en cifras, aunque más dudoso de admitir en sus procedimientos precomicios) por esa señalada particularidad para razonar que tienen que no es común al argentino medio. Así consideran que ganar es sólo cuando la victoria es hegemónica, casi exterminante del adversario. Y que sea de todos estos.

No deberían sufrir y sufren por ese triunfo en Santa Fe de Binner que es un socialista, un centroizquierda como el gobierno que además unió tras sí a viejos radicales triunfadores en esa provincia.

Pero en esto son pícaros en la Casa Rosada para darse cuenta de que el ex intendente de Rosario más el actual Miguel Lifschitz y otros, por caso un viejo radicalismo triunfante en la provincia, representan un socialismo distinto del suyo. El de Binner es más chileno que «verbitskyano» que es el que oyen y aplican los Kirchner. Es «socialismo» tipo internacional y no «progresismo criollo» bastante incoherente en metas y cargado de iracundias. No es un «socialismo» resentido y violento capaz de llamar a los aliados «Felipe Solo» y a los adversarios «Maurizio Macri», como escribe la mente dislocada del hoy poderoso Verbitsky, parte decisiva de este gobierno cuyo accionar hace huir espantados a los porteños y se refleja en las urnas.

Por lo tanto ese socialismo moderno y sin odios acunado en Santa Fe puede terminar siendo un enemigo y pelearle al kirchnerismo el espacio de centroizquierda para enfrentar a un centroderecha que se vio mejor encauzado desde ayer con el rotundo triunfo de Mauricio Macri, más el citado Jorge Sobisch en Neuquén, Juan Carlos Romero en Salta, inclusive Angel Rozas en el Chaco, Rodríguez Saá, Carlos Menem con su hazaña de haber sobrevivido en La Rioja, Carlos Verna en La Pampa, el mismo Ricardo López Murphy con varios cientos de miles de votos bonaerenses aunque no rindió lo esperado. También Luis Patti, a quien llevar en la boleta a senadora a Chiche Duhalde lo hundió porque logró mejor resultado a diputado aunque debió padecer corte de boletas por aquel nombre.

Binner y Macri representan hacia el futuro la posibilidad necesaria de la política de los moderados con ideas disímiles, del debate sin agredir al adversario. Son quienes en principio deberían encaminar al país en formas políticas acordes al mundo actual.

El populismo kirchnerista como el populismo duhaldista son las formas partidarias amorfas. El primero, el que gobierna, de izquierda, se autoproclama el «nuevo futuro» -así lo llama- y en realidad es el pasado, el revanchismo de los años '70, el ganar elecciones no con carisma sino con «cajas» repartidoras que es lo único que sustentó siempre a los Duhalde y perdieron sistemáticamente cuando dejaron de dominarlas. El kirchneriano da idea entonces de un centroizquierda momentáneamente en la cúspide pero incapaz de superar odios del pasado y por tanto en lo que podría ser bajada prematura frente al flamante «binnerismo» que se insinúa. Parece que al gobierno lo sostendrá el dinero más que nada, que no es poco ni tiene perspectiva de cesar en lo cercano, para bien económico de la Argentina.

Algo que alguna vez profetizamos en este diario como aspiración de la moderación se dio: que si la puja electoral centralmente este domingo era entre dos populismos, uno de derecha duhaldista y otro de izquierda kirchnerista, que por lo menos uno de los dos eliminara al otro. Y así se dio. Quedó agonizante el duhaldismo y, aunque aún puede clavar algún molesto alfiler, «ya fue».

En el dolor de su derrota una alegría les dio el triunfo amplio de Mauricio Macri pero no se dan cuenta todavía de que de «pata peronista», que pidió siempre Macri, pasaron a ser necesarios pero en el rango no ya como «pata de la mesa» sino de sólo cuña que la ayuda a nivelarse.

Sin «cajas» y frente a una sociedad que no olvida sus muchas tropelías -desde desfondar la provincia de Buenos Aires, al primer golpe de Estado civil contra De la Rúa, a asumir como presidente por designación y no por votos, a eliminar las internas partidarias y a instalar a Néstor Kirchner- los Duhalde cumplieron un ciclo que para colmo no fue administrativamente exitoso, no deja trazos positivos como una Argentina modernizada que fue el legado del menemismo. Eduardo Duhalde como Raúl Alfonsín ingresa al rango de «pollo al spiedo», que aunque estén quemados siguen dando vueltas.

Néstor Kirchner se encoleriza con sus adversarios mientras lo son y está repleto de ejemplos, como Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, pero es magnánimo cuando dejan de serlo y probablemente -si no insiste en resistírsele- lo redima a Duhalde con alguna «beca». Su forma de ser le impide al Presidente tratar y hasta dialogar con los enemigos de pie como Macri, Sobisch o el resistente Menem. Este riojano pareciera destinado a un pasar de veterano de la política en el Senado, aunque siempre emprenderá retornos. Un Senado con experimentados es una reserva de moderación en una República. Debería estar allí Eduardo y no Chiche Duhalde.

Una gran enseñanza que dejó para el centroderecha este domingo 23 de octubre es que los veteranos deben reconocer el nuevo poder de los más jóvenes en la política nacional. Aceptar que deben pasar de sponsors que los digitaban a consejeros o sea a hacerse Fraga Iribarne de España en la Argentina y encaminar un José María Aznar argentino que aglutine y haga esperar su turno al centroderecha argentino. Además de esa lección el centroderechista nacional se ranqueó entre candidatos y esto es importante si se busca un triunfo posible a 2007. Pero habrá que aceptar el podio de los nuevos triunfadores.

Otra ganadora ofuscada que dejó este domingo político fue Elisa Carrió. De ella es cierto lo que se dice: ansiaba y creía posible esta vez como nunca un triunfo en la Capital Federal. Le ganó a un descontado perdedor como Rafael Bielsa pero quedó muy lejos de Mauricio Macri, a 12 puntos, como para sustentar un sueño presidencial en 2007. Si existió alguna, ésta era la elección para ella porque era «legislativa» y no para cargos «ejecutivos» donde se le desconfía más y donde siempre resulta más atractivo Macri.

Se ofuscó Carrió contra el gobierno pero no le puede atribuir su magro desempeño personal a esa rutinaria costumbre argentina de andar restregándoles por la cara las «cuentas externas» a los políticos, más cuando ahora se castiga con cepo de un año al que trae dinero de afuera. Entre los planes «verbitskyanos», aunque se les atribuye también a otros pícaros, estuvo usar a un funcionario de tercera línea para denunciar a Enrique Olivera, candidato del ARI, por «cuentas» pero, en realidad, querían atraer hacia ella votos «anti-Kirchner» y que no fueran a Mauricio Macri que vieron bien como el real peligro político para ellos en el futuro.

Igual Carrió hizo una buena elección, inspirando un sorpresivo tercer puesto de Martha Maffei con el ARI en la provincia de Buenos Aires que no podía lograr por sí esta conocida huelguista consuetudinaria de docentes. Además, el ARI obtuvo presencia en muchos distritos del país y hasta legisladores.

Carrió tiene uno de los mejores caudales electorales que quedaron en política tras estos comicios para acordar con alguien. Nunca lo hará con el gobierno. Tampoco se cree posible con su ex correligionario Ricardo López Murphy por lo tanto se la vería más ubicable junto al nuevo centroizquierda moderado naciente de Hermes Binner. Claro, si acepta que los socialistas -aunque no todos- son ateos.

¿La democracia? A la expectativa tras el domingo. Hay mentes totalitarias en el elenco gobernante. No lograron una mayoría excepcional ya que uniendo todo llegarían al tradicional 40 y pico por ciento de toda «primera legislativa» de un presidente que asume. Lotearon bien en todo el interior del país para los apoyos que darían y pueden contar con alrededor de 110 diputados que serían «propios», aunque no se sabe con qué fidelidad. Igual habrá muchos legisladores dispersos y desorientados para imantar y lograr sanciones con facilidad. Tendrán quórum para lo que se les ocurra, desde seguir con superpoderes hasta intervenir provincias... Hay acechanza a la democracia mientras persistan en el gobierno determinados personajes y tendencias.

Roberto Lavagna está tanto para irse como para quedarse. Tras el derrape fuerte del duhaldismo el gobierno ya no lo ve como candidato presidencial enfrente en 2007. Es probable que lo quiera propio, quizá como vicepresidente. Además, ya vacunado de duhaldismo, Lavagna le viene bien al gobierno para que se traguen él y su equipo -y no el Presidente- varios sapos como acordar con el FMI, medidas de austeridad contra la inflación, parar subsidios para que no aumente al loco ritmo actual de 15% el gasto público, negociar con resto de bonistas y otras. Lavagna de «candidato» puede pasar a «fusible». Como no parece que le guste ajar la pequeña fama que tiene debería pasar a ser mimoseado un poco por el presidente Kirchner.

Los mercados bien ayer y superando el retroceso de exagerados timoratos el viernes que no creían que con plata en «cajas» no hay populismo gobernante que pierda una elección. Además mejoró precios la designación de Ben Bernanke para reemplazar a Greenspan en la Reserva Federal en enero. A los mercados el triunfo de Macri les salvó la conciencia y el triunfo de Kirchner les salvó el bolsillo, porque el gobierno tendrá que volverse más serio y dejar -o lo devora la inflación- la carrera dispendiosa que realizó para ganar estos comicios.

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