«'Juampi' tiene desde el sábado la trompada prohibida.» Con ese dato definió un ministro de Fernando de la Rúa, ayer, la nueva situación que quiere plantear el gobierno frente a los piqueteros. Que Juan Pablo Cafiero, el titular de Desarrollo Social, no podrá obedecer a sus impulsos habituales para negociar con quienes corten las rutas, como sucedió cuando se produjeron los incidentes de General Mosconi, en Salta. Pero es sólo un detalle, indicativo, como otros, de que para el gobierno los organizadores de la protesta de hoy no son ya desamparados que presionan como pueden para conseguir una caja de alimentos: a partir de su organización en un «movimiento» que impugna el sistema globalmente en términos políticos, De la Rúa se ha propuesto tratar su comportamiento como un caso de seguridad pública, no de asistencia social. Es un giro importante del Presidente, aunque tal vez se trata de un cambio tardío.
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A lo largo del fin de semana, toda la operación oficial sobre los piqueteros quedó concentrada en manos de Ramón Mestre, el ministro del Interior, quien poco a poco va descubriendo los roles que exige su cargo (apareció, tarde pero seguro, en la gestión de la ley de déficit cero y ahora se comenzó a entusiasmar con los problemas de orden en las rutas). Obviamente, también Enrique Mathov está encargado de coordinar las fuerzas de seguridad, aunque en su caso se trata de una rutina: es el secretario del área. Para De la Rúa el desafío de hoy es, en rigor, un adelanto de lo que podría suceder la semana próxima, cuando los «piqueteros» corten las rutas durante 48 horas. Será entonces cuando el gobierno deba demostrar si es capaz o no de controlar el orden en las calles.
Como sucederá con «Juampi» Cafiero, también Patricia Bullrich tendrá un rol distinto del habitual: ya no aparecerá en conferencias de prensa con Luis D'Elía entregando planes Trabajar y haciendo levantar el corte de la Ruta 3. A partir de ahora se limitará a controlar el comportamiento de los sindicatos que apoyan o favorecen el desorden público, a los que amenazará con el retiro de la personería gremial o de la inscripción correspondiente (en el caso de la CTA, por ejemplo, que carece de personería).
En el área de Seguridad, las fuerzas encargadas de garantizar el tránsito en las distintas rutas (Gendarmería, Policía Federal y policías provinciales con el apoyo logístico de la Fuerza Aérea y de Prefectura) comenzaron ayer a repasar el país y a disuadir a quienes se preparaban para protestar colocando neumáticos a la vera de los caminos, cayendo con eso en una contravención.
Desde el Ministerio del Interior se comenzó a desentrañar, además, la índole de la protesta y las variantes internas que se registran entre los piqueteros. Los mismos piqueteros colaboraron con la tarea, ya que comenzaron a diferenciarse entre ellos. D'Elía, por ejemplo, adelantó que no interrumpirá los accesos a la Capital Federal y se mostró como un moderado carente de cualquier ideología extrema. Es lógico: se trata de un viejo puntero de la política de La Matanza, que navegó por todos los ríos (Democracia Cristiana, peronismo, Frepaso) y hasta prestó servicios a la UCR: cuando hubo que encaramar a «Pinky» como candidata a intendente de la Alianza en detrimento de Mary Sánchez, él se prestó a darle la interna a la sindicalista en compañía de José Bayon; una vez triunfantes, cedieron el paso a «Pinky» en combinación con el diputado radical porteño (terragnista) Juan Carlos Farizano. Ahora D'Elía es un administrador de programas Trabajar (fue denunciado por la Bullrich por esta actividad presuntamente fraudulenta) lo que le permite tener algún desahogo para sus movimientos políticos.
Para los funcionarios del gobierno, que sostuvieron esta intimidad con el piquetero de La Matanza, habría que hacer una distinción respecto de los nuevos actores de los cortes de ruta: personajes más ideologizados que, como sucedió en Mosconi, piden a cambio de levantar el corte un lugar en la administración de la Salud para médicos militantes del trotskismo. Y también -siempre según la observación de los funcionarios de Interior-debería discernirse a éstos cuadros de la izquierda ultra de los cortadores de rutas que descubrieron en esa actividad un negocio menor, consistente en cobrar peaje para dejar pasar a algunos vehículos con carga.
Por ahora, el panorama que se observa desde Olivos no es para temer por la aparición de armas de fuego. Aunque en la Policía Federal se siguen indagando las consecuencias de los asaltos y robos a dos comisarías, ocurridos en noviembre pasado, y de la quema de un destacamento, en todos los casos con pérdidas de armas que, se teme, podrían estar ahora en manos de quienes conducen una protesta que puede radicalizarse.
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