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3 de noviembre 2006 - 00:00

Misionazo para Kirchner

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Lo más breve y exacto que se ha escrito sobre el resultado del plebiscito de Misiones es que, aun ganando, el gobierno perdía.

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Pero era distinto. Sólo en diálogos livianos Néstor Kirchner suele ser afable y hasta razonable. En cambio, si hay confrontación no acepta el diálogo, lo impone con toda su Magistratura detrás o recurre al solitario atril, como se le ha señalado. Es un presidente especial, capaz de responder a un buscapié con un misil aunque éste muchas veces sea defectuoso.

Eso le trae la paz, guste o no el método.

Por el temprano alineamiento a su candidatura en 2003 Kirchner había hecho ya mucho por Misiones en aportes desde el Estado nacional. No necesitaba sumarse ni sumar su gente -hasta su hermana Alicia- a un plebiscito que al tener introducida la palabra elección indefinida automáticamente provocaba rechazo.

Además, sólo un sacerdote como Joaquín Piña pudo llevar un lema de adversario tan contundente como «reciba lo que le dan, en el cuarto oscuro sólo lo observa Dios». El Presidente muchas veces alienta reelecciones de gobernadores que lo acompañan simplemente para que no aspiren a cargos nacionales en su propio gobierno. Por tanto no es de extrañar que haya apoyado a Carlos Rovira, uno de sus apóstoles de la primera hora. Pero falló. Como la historia es mutación, los videos difundidos en Buenos Aires y en el resto del país, vendiendo en Posadas documentos de identidad sin foto, pasarán a ser un clásico más de la picaresca política criolla, que se usará por años, como cuando se entregaban zapatillas a los pobres con el nombre del gobernador dando la zapatilla izquierda antes para recibir la derecha luego de los comicios. Fue, ciertamente, un papelón más que una algarada política lo ocurrido en la provincia norteña.

Es difícil extraer más conclusiones de Misiones que un bofetón al gobierno. No puede afirmarse que el clientelismo deje de ser un arma política electoral en la Argentina porque es raro que se den tantas casualidades juntas: compromiso político presidencial, palabreja antipolítica como «indefinida», un sacerdote perseguido hasta por la dictadura de Stroesner en Paraguay y menos aún una confluencia de opositores contra el proyecto continuista. Sería absolutamente anormal que se diera todo eso en otra elección de cualquier grado.

El problema de la oposición será concertar hombres e ideas coherentes, algo que no es nada fácil en una Argentina donde la política se hace más en base a personalismo que a ideas y aun los que conjugan ideas no suelen usarlas de límite en pos de un fin nacional. Los partidos políticos más tradicionales nunca pudieron ni todavía pueden estructurarse por ideas, algo que impide formas de alianzas políticas modernas de gobierno que son de centroderecha cuando hay que acumular y de centroizquierda cuando hay que distribuir. Eso sucede en el mundo.

El gobierno puede zafar del Misionazo con silencios porque, en definitiva, lo acompaña una excepcional bonanza económica del exterior, que se sigue incrementando como informó ayer este diario.

Entre lo que le trae la economía y los silencios que se imponga quizá se dé la ironía de que los triunfadores de Misiones usufructúen menos tremendo logro que los vencidos. Pero es cierto que la institucionalidad y la dignidad argentina ganaron un escalón en Misiones.

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