Casi todos los que estaban invitados ayer al acto de asunción de los ministros en la Casa de Gobierno, llegaron a la valla policial que estaba frente al edificio con tarjeta en mano, y cuando fueron remitidos a la cola de casi una cuadra que doblaba por la recova de Leandro N. Alem, trataron de hacer valer la invitación y su nombre. Sin suerte, la gran mayoría fue enviada a la fila. Ya no llovía, ni tampoco hacía demasiado calor. No puede decirse que hubiera pasado si seguían la lluvia y el viento de la mañana.
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La cola iba a paso de hombre cansado, como acotó uno de los presentes. El tiempo promedio para llegar al vallado era de unos 40 a 50 minutos. En parte, porque el que encontraba un conocido, se colaba al mejor estilo porteño.
Eso sí, era una fila ecléctica y democrática, en la que convivían empresarios, muchachos peronistas con remeras alusivas y jovencitas despampanantes. Dos de ellas, cuando se les preguntó si habían sido invitadas por Florencia Kirchner o si eran amigas de la familia, respondieron que habían venido por un secretario (se supone que un secretario de Estado).
Estaban Santiago Soldati, Alejandro Bulgheroni, Carlosde la Vega y Alberto Alvarez Gaiani, acostumbrados en otra época a un trato más deferente. A metros, Soledad Pastoruti, la única saludada por una barra que con el cartel «Kirchner-Granados», se había posicionado frente a Alem, lejos de las columnas organizadas que estaban sobre Rivadavia.
Cuando llegó ese centenar de enviados del intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, que buscaban quizás una mirada exclusiva del matrimonio presidencial, efectivos de la Policía trataron de pararlos porque no se sabía bien hasta dónde querían llegar. Hasta apareció un camión hidrante de la Policía Federal. Pero no pasó nada: tras una rápida negociación se quedaron en la plazoleta frente a la fila y los más adelantados sobre la calle, saludando a los gritos a otros famosos que hacían fila como el «Roña» Castro. Además, todo amenizado con las bromas de «Gonzalito», el cronista de CQC, preferido por la presidente, que esperaba su ingreso VIP.
Humillación
En la misma cola estaban los periodistas que habían recibido invitación. En cambio, no se vio a los actores que después se sacaron fotos con Cristina de Kirchner, ya en el despacho presidencial y luego de que firmó los decretos con las designaciones de los ministros, y se tomó las primeras fotografías con los hijos y el ex presidente.
Una vez trascurrida la cola, los invitados debían presentar tarjeta y documento de identidad, y ahí venía quizá la peor humillación: al que le tocaba tarjeta rosa, no entraba al Salón Blanco. Bulgheroni, a pesar de ser reconocido como uno de los petroleros preferidos de la administración, no estaba entre los más selectos.
En apariencia, Alvarez Gaianino quiso soportar esa discriminación y se fue de la cola a los pocos minutos de haber llegado y luego de haber saludado a algunos conocidos. Puso una excusa de índole familiar pero también dijo: «Los de protocolo me dijeron que hay invitaciones por 50% más de personas de las que entran en el Salón Blanco, así que muchos van a quedar afuera; lo mejor va a ser pedir entrevistas con los ministros a partir de mañana».
Los de tarjeta rosa estaban destinados al Salón Colón, donde desde varias pantallas de plasma se transmitió las escenas del despacho presidencial y la jura de los ministros.
No estaban en el Salón Blanco, pero tenían a disposición un servicio de buffet con bebidas, sándwiches de miga y saladitos.
Entre los que llegaron más tarde estaba Carlos Heller, que parecía no entender bien lo de los dos salones. Finalmente varios de los presentes, se terminaron yendo durante la jura de los ministros, cuando se constató que la presidente no iba a pasar por el Salón Colón, e iba a ir directamente al escenario donde se desarrolló el espectáculo musical.
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