Morales y Sanz buscan frenar interna radical en cumbre partidaria

Política

El debate final sobre el futuro del radicalismo como partido ya tiene fecha: el 27 de marzo se reunirá el comité federal de la UCR con participación de todos los jefes provinciales, legisladores e intendentes. Será el momento en que el jujeño Gerardo Morales deberá explicar la situación en que quedó el partido después del quiebre con Roberto Lavagna e intentar mantener el perfil opositor frente a la intención de los radicales K como Julio Cobos, Pablo Verani y Miguel Saiz de volver al redil, pero para pedir una interna donde pelear el control de la UCR.

A ese encuentro, los radicales llegarán con viento cruzado. Raúl Alfonsín, más sereno que de costumbre en este tema, comenzó a hablar el viernes pasado de la necesidad de tener una mayor tolerancia con los gobernadores e intendentes del radicalismo kirchnerista que el sábado pasado conformaron una nueva agrupación interna para ir a pelear la conducción de la UCR.

  • Flexibilidad

    Alfonsín no llega al extremo de Enrique Nosiglia, que quiere un acuerdo más amplio con el radicalismo K por el que ya mantuvo encuentros. Pero quienes lo escucharon en el acto por el cierre del mítico comité de Formosa 114, en el porteño Caballito, se fueron con la idea de que el ex presidente está pidiendo, al menos, más flexibilidad en el trato con los radicales expulsados o intervenidos por haber jugado en las listas kirchneristas. Algo muy parecido a lo que sostiene Leopoldo Moreau en los bandos que divulga diariamente sobre las reuniones del alfonsinismo bonaerense.

    Pero, por otro lado, Alfonsín no es suicida en esto. Casi con la misma vehemencia con que habla de contener a « todos», defiende a Morales en su cargo de presidente partidario. El jujeño junto con Ernesto Sanz son la cara dura de la UCR contra el gobierno, más proclives a dialogar con Elisa Carrió, de quien a veces se quejan por adoptar demasiado rápido sus propias denuncias. Pero ese acercamiento nunca parece poder concretarse.

    Hasta ahora han recorrido todo el país hablando con la dirigencia provincial para evaluar el daño real que produjo al partido la ruptura definitiva con Roberto Lavagna, cuando éste se reunió con Néstor Kirchner para sellar su vuelta al nuevo Partido Justicialista.

    Por lo demás, el comité nacional del radicalismo no ha demostrado ni el más mínimo gesto de acercamiento ni al kirchnerismo ni a los radicales K. Todo lo contrario: Morales y Sanz se pusieron esta semana a la cabeza de los reclamos y denuncias que más irritan al gobierno, como la manipulación de datos en el INDEC, las denuncias reiteradas sobre el caso Greco y la protesta del campo, a la que la UCR adhiere hoy a dos manos.

    Con ese escenario, el comité federal de la UCR se encerrará para decidir el futuro del proceso de ratificación de afiliaciones que lanzó Morales en la última reunión del comité nacional. En realidad, ese proceso no es legalmente posible: la afiliación a un partido no es un derecho que pueda perderse si no se confirma. Por lo tanto, lo que se decidirá en el encuentro es cómo ratificará cada dirigente su «fe partidaria» -incluyendo en esto una declaración personal de cada uno como «opositor»-, requisito que Morales quiere imponer para poder participar en cualquier elección interna a futuro.
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