9 de junio 2006 - 00:00

Murió Mario Granero

Víctima de un infarto, murió ayer en la Capital Federal Mario Granero, un hombre que animó la vida política en los últimos treinta años. Militante peronista, se lo identificó con el sector de Antonio Cafiero, a quien acompañó desde que éste fue gobernador de Buenos Aires como asesor hasta la actual presidencia de la COPPAL (Confederación de Partidos Populares de América Latina). Tenía una condición poco usual en la comunidad de los políticos: su capacidad para el diálogo y la amistad con militantes de otras ideologías y partidos. Un lujo raro en un país sectario. «Era un vértice entre varios mundos», lo definió un amigo.

Aunque militó en el partido de gobierno de los últimos tres lustros, Granero no edificó posiciones personales, sino redes de entendimiento a través de convocatorias siempre atendidas por el vasto grupo de quienes cultivaban su relación. Desde el ya ritual festejo de su cumpleaños junto con el ex gobernador José Vernet hasta -en los últimos años- la peña de los jueves al mediodía en el Círculo de Oficiales de Gendarmería, una institución de la vida política por cuyo estrado han pasado disertantes del oficialismo y de la oposición.

El estilo expansivo y llano lo transmitió a la política como forma de relación, no como captura de posiciones de poder. Ligado a personalidades de primer nivel en la política, eludió los altos cargos y la ostentación.

Las funciones que cumplió en el Estado le fueron reconocidas; asesor de Alieto Guadagni en un ministerio de la provincia de Buenos Aires y después en el orden nacional, tanto en la Cancillería como en Industria;vicecónsul en San Pablo; asesor en el ente CEAMSE. En la actualidad, era asesor en el ente regulador de aeropuertos y en la Fundación Banco Provincia.

  • Cultura popular

  • Otra singularidad de Granero era su afición a la cultura popular del tiempo que vivió: fuera el tango, la literatura o la proyección folclórica. Son legendarias sus incursiones por las celebraciones del Cristo del Milagro en Salta junto al desaparecido Julio Mera Figueroa o sus recorridas por las tanguerías porteñas con otro mito viviente, Felipe Yofre, menos conocida, su afición por la tauromaquia, disciplina que, afirmaba jocoso, habrían honrado sus ancestros españoles. Bohemio de mentalidad y báquico de temperamento, hizo de la modestia un modelo de conducta, otra de sus rarezas.

    Dedicó tiempo y esfuerzos a mantener algunos emblemas del peronismo, como Eva Perón (le dedicó un libro con textos e imágenes, «Evita, vida y milagros»), los fusilamientos del presidio de Las Heras o peripecias más recientes como el peronismo de los 70, que recordaba con ironía y sin bronca.

    Anoche, participaba del cumpleaños de una amiga y lo derribó un infarto. A ese lugar y antes de que se retiraran sus restos, comenzaron a arribar muchos de sus amigos -Antonio Cafiero, Ginés González García, Hugo Anzorregui, José Vernet, «Zidza» Amadeo, Silvia Mercado, Felipe Yofre, «Pepún» Capdevila, Teresa González Fernández-, primeros en una despedida. Tenía 60 años.

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