De un acto masivo a un puñado de afiches empapelando las paredes porteñas y las del Gran Buenos Aires. En esos términos, mutó el tono con que el gobierno quería jugar en la calle la pulseada por la deuda externa. Al final, Néstor Kirchner frenó la idea de un mitin multitudinario y sólo aceptó, al margen de algunas solicitadas y declaraciones aisladas, que Alberto Fernández financie otra aventura mediática de sus apañados «jóvenes K» para que manden a imprimir carteles ratificando que la decisión del gobierno es priorizar la «deuda interna» que el pago de la deuda externa.
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