11 de mayo 2001 - 00:00

Nace un clásico: Meijide versus Chiernajowsky en Frepaso acéfalo

Los frepasistas fracasaron anoche, por segunda vez consecutiva, en el intento por nombrar una conducción colegiada que reemplace a Carlos Chacho Alvarez. Luego de un interminable debate que insumió casi 6 horas, los herederos del ex vicepresidente se enredaron en sus peleas de entrecasa. La falta de un líder que sustituya al ídolo caído y pueda imponer criterios también conspiró contra una salida menos traumática de la crisis del chachismo residual.

Como no pudieron resolver sus cuitas, Darío Alessandro anunció al término de la reunión, ya delante de los «movileros», que auspiciarán la convocatoria a una consulta popular, a realizarse junto con las elecciones de octubre, para que la ciudadanía opine sobre la conveniencia de una reforma política.

Temporalmente, la mesa nacional del Frente Grande, que se reunió ayer en la Casa del Frente, quedó a cargo de los destinos partidarios hasta que se pueda designar la cúpula que atienda los reclamos del interior (quieren evitar que Capital y Buenos Aires sigan tomando las decisiones). Tampoco se pudo fijar una fecha para continuar con la saga de terapias de grupo.

Discusión

Al mediodía de la víspera, Ibarra trató de preparar su desembarco en la discusión interna. Estuvo unos minutos en la Casa del Frente y se dedicó la mayor parte de la jornada a atender sus quehaceres gubernamentales. Hizo una impasse y recibió a los intendentes del conurbano Alejandro Sabbatella, Oscar Laborde y Edgardo Di Dio, más Julio Arriaga, de Cipolletti (Río Negro), en la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Alrededor de un austero menú -milanesas con papas fritas-, ratificaron la idea de sumar a la futura conducción no sólo a Alessandro, Juan Pablo Cafiero y el mismo jefe porteño, sino también a un representante del Gran Buenos Aires (Laborde o Sabbatella), más el rionegrino y Oscar Massei (Neuquén). Massei sería senador a fin de año y aspiraría a pelear la gobernación en el próximo turno. Desde el palacio comunal, viajaron en combi hasta la sede partidaria, pero no pudieron materializar sus propósitos. Al menos, los bonaerenses consiguieron, transitoriamente, sillas en la mesa nacional del Frente.

Uno de las tramos más ríspidos de la cita en la Casa del Frente se produjo cuando Graciela Fernández Meijide desempolvó su rencor hacia Chacho delante de Liliana Chiernajowsky. Mientras la esposa de Alvarez respondía a una inquietud de otros dirigentes del Frepaso -le preguntaron qué opinaba su marido-, la ex ministra de Desarrollo Social despachó un duro reproche: «No necesitamos que Chacho nos diga por otra persona lo que no nos vino a decir personalmente».

En menor escala, la mendocina Cristina Zuccardi pataleó por la intervención de su distrito, promovida la semana pasada -con éxito-por su archirrival, el vicegobernador de su provincia, Juan González Gaviola, y avalada por el chachismo ortodoxo. «No puede ser, en lo único que pudimos avanzar fue en mandar un interventor a mi distrito; es una vergüenza», gritó la mujer de Alberto Flamarique. Hubo un previsible cruce con el emisario de la cúpula frentista a Cuyo, el tucumano José Vitar.

Para el martes que viene quedó postergada la definición sobre el futuro de los diputados frepasistas. Ante la amenaza de una nueva ruptura -se irían, por lo menos, 6 legisladores encabezados por Marcela Bordenave-, el santacruceño Rafael Flores propuso recuperar la autonomía del bloque Frepaso y volver a actuar de manera separada del radicalismo.

Por supuesto, Darío Alessandro y Rodolfo Rodil, trataron de contener la diáspora y el divorcio al mismo tiempo. La polémica se tornó interminable el martes a la noche y obligó a pasar a un cuarto intermedio en la bancada.

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