El Parlamento y el Ministerio de Defensa británico transmitieron su preocupación por la crisis de la Argentina al viceministro de Defensa, Fernando Maurette. Lo que debió ser una reunión programada como la XI Ronda de Contactos Militares se transformó en evaluación política y de cómo salir del caos económico y social que viven los ciudadanos del país. En tres días, Londres recibió detalles de la marcha del gobierno de Eduardo Duhalde, las medidas para arribar a un acuerdo con el FMI y las garantías de que no habrá elecciones anticipadas. Desmond Bowen, funcionario del Ministerio de Defensa británico, jefe de la delegación del Reino Unido, y Maurette, secretario de Asuntos Militares, firmaron la reanudación de maniobras navales en el Atlántico Sur, que estaban suspendidas por decisión política del entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini. Este giro retrotrae las relaciones bilaterales al clima de acercamiento que se había logrado tras la firma del acuerdo de 1999 que reanudó las comunicaciones con las Malvinas. Sin embargo, Maurette cuestionó a su interlocutor británico la morosidad del Ministerio de Defensa inglés en levantar el embargo de repuestos sensibles que inexplicablemente aún existe pese a la decisión en contrario del premier Tony Blair.
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El embajador argentino en Londres, Vicente Berasategui, recibió una nota del ministro de Defensa británico fechada el 15 de abril en la que se reconoce que las trabas a las licencias de exportación de repuestos bélicos para las FF.AA. argentinas surgen de ese ministerio. Horacio Jaunarena hizo una gestión en vano por este mismo asunto a fines de marzo, cuando el mi nistro inglés Geoff Hoon pasó fugazmente por Buenos Aires en tránsito desde las islas Malvinas.
•Contactos
La agenda política de Maurette en el Reino Unido fue arreglada en parte por el subsecretario de Política Exterior de la Cancillería, embajador Rogelio Pfirter. Un baqueano en la política local británica, el embajador Pfirter abrió contactos cosechados en su gestión al frente de la representación ante el Reino Unido durante el gobierno de Carlos Menem.
Recuperar la confianza del frente europeo para asegurar que el FMI destrabe la ayuda financiera, esa misión imposible llevó Maurette a Londres en línea con la avanzada del canciller Carlos Ruckauf que prepara el terreno de Eduardo Duhalde en Madrid para la Cumbre de mandatarios Latinoamericanos con la UE.
El viernes pasado por la tarde, Maurette cumplió la agenda trazada en Buenos Aires por Pfirter. En la Cámara de los Lores, la baronesa Gloria Hooper -Partido Conservador-, una entendida en las cuestiones latinoamericanas, quiso saber si es posible la propagación de la inestabilidad política en la región (Brasil, Colombia y Venezuela). Luego fue el turno de dos miembros de la Cámara de los Comunes: Martin O'Neill y Tony Lloyd, ex vicecanciller en el primer tramo del gobierno de Tony Blair. O'Neill es presidente de la Comisión de Industria y Comercio de los Comunes y representa intereses de fuertes grupos económicos con presencia en la Argentina.
Como se sabe, Gran Bretaña tiene legislado el lobby en grupos interparlamentarios y O'Neill es presidente del Consejo del Atlántico Sur (South Atlantic Council, en inglés), tildado de pro argentino por los kelpers.
El legislador escocés exprimió a fondo la entrevista de 45 minutos con Maurette y demandó información acerca del rumbo económico y el destino social de los cacerolazos. «Pienso que los problemas que existen en la Argentina en este momento, tanto en lo económico como en lo político, son para lamentar, y no hay espacio para juicios indecentes de que esto es lo que la gente merece. Nadie merece lo que está padeciendo la Argentina y creo que nos incumbe a todos tratar de encontrar las formas de apoyar a este país en tiempos de necesidad», fueron las palabras finales de O'Neill que sonaron como una melodía contrastada con la dureza de las voces que llegan de EE.UU.
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