Sólo dos ministros, Domingo Cavallo y Patricia Bullrich, se mostraron hostiles ayer con la convocatoria a un paro general que ratificaron ayer las tres centrales obreras en que se agrupa el sindicalismo argentino. Cavallo señaló que «en lugar de gastar energías en protestas podrían contribuir a la necesaria reforma del Estado y a la lucha contra la evasión». La Bullrich pidió que los sindicalistas se rebajen los sueldos y donen una hora de trabajo para colaborar. Desde el gremialismo la respuesta no fue académica: respecto de Cavallo se insistió de nuevo en que el paro tiene por objetivo, entre otras cosas, su cabeza; y sobre la Bullrich, el vocero fue el logorreico Hugo Moyano, quien la mencionó como «una señora que es una marciana».
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Que la confrontación con el sindicalismo haya corrido exclusivamente por cuenta de estos dos ministros no es una casualidad: obedece a una estrategia según la cual, una vez realizada la huelga, Fernando de la Rúa debe retomar una política de «unidad nacional». Esto significa que el gobierno se encamina, por la vía de un acuerdo político o de una negociación parlamentaria, a encontrar un nuevo proyecto que permita alcanzar el déficit cero pero por una vía que no toque el nivel de las jubilaciones.
La postura de De la Rúa y de su jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, supone la revisión de los pasos que se dieron desde la cúpula de la administración en los últimos días. Nadie del gobierno querrá admitirlo pero es evidente el error de presentar a su gestión como «un gobierno de unidad nacional» y, a la vez, rechazar el análisis de las propuestas que llegan desde el propio partido y la oposición. De la Rúa y Colombo quedaron embretados en el recorte presupuestario que diseñó Cavallo y eso les produjo un aislamiento político que ahora pretenden corregir. Sobre todo porque la imagen de la «unidad nacional» era la coartada por la cual el Presidente había imaginado sustraer a su gestión del torneo electoral de octubre. Nicolás Gallo lo había formulado de manera explícita: «Somos una gestión de unidad nacional y por lo tanto no concurrimos a los comicios». Ese deseo parece ahora una ingenuidad: De la Rúa parece dispuesto, inspirado en los consejos de Cavallo, la Bullrich o Juan Pablo Baylac, a encarar la campaña de manera solitaria y envuelto en la bandera del recorte a las jubilaciones, tan luego él que hizo del cuidado de «nuestros abuelos» un modo de vida política.
• Oportunidad
Una vez que se alcanzó el pacto con los gobernadores, Colombo parece decidido a exhumar los viejos borradores de un acuerdo nacional que, en su primera formulación, debía ser presentado formalmente el Día de la Independencia, en Tucumán. La tarea es más que técnica: supone, superada la instancia del paro, reabrir una puerta hacia Alfonsín y hacia el peronismo para rescatar las propuestas de reducción del gasto que se le hicieron llegar al Presidente desde ambos sectores.
Si la huelga organizada por las tres centrales sindicales será tomada como una oportunidad para abrir de nuevo el juego a propuestas más amplias que la de Cavallo, el comportamiento de los bloques parlamentarios parece orientar el proceso en la misma dirección. En la Cámara de Diputados se está constituyendo una mayoría parlamentaria capaz de dar de baja el decreto de ajuste que emitió el Poder Ejecutivo. Los diputados de la Alianza amenazaban anoche con sumarse a esa fuerza legislativa, lo que supuso una luz de alarma drástica en el tablero de la Casa Rosada. La necesidad de controlar esta disidencia frente a De la Rúa se conjugaba anoche en los planes del gobierno con el mismo proyecto negociador: cerca de De la Rúa comenzó a analizarse la posibilidad de que se alcance una ley de «déficit cero» que sustituya el decreto de necesidad y urgencia emitido por el Ejecutivo, que tanto riesgo corría anoche de ser rechazado.
Finalmente, además del itinerario hacia un mayor consenso político y parlamentario, en el seno de la administración comenzaron a estudiarse modos de recortar el gasto público que sean más sofisticados que el que Cavallo imaginó en su noche de insomnio aéreo. Anoche se analizaba la constitución de una comisión especial para ajustes de sintonía fina que podrían evitar costos políticos dramáticos, según informes preliminares que se le alcanzaron a De la Rúa.
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