Ni Alfonsín se salvó de la guerra de despachos
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La guerra de los despachos dejó algunos heridos, por ejemplo, la justicialista riojana Ada Maza, quien no pudo hacer valer su chapa de vice del bloque. Ante la falta de oferta inmobiliaria, se hizo acondicionar una oficina en la casa de La Rioja, a 700 metros del Congreso, por recomendación de su hermano, el gobernador Angel Maza.
Finalmente, el peronista José Luis Gioja consiguió ayer sentarse en dependencias de la presidencia de bloque que mantuvo hasta último momento Augusto Alasino, a pesar del cambio de guardia de setiembre de 2000. Alasino resignó el cargo en medio del escándalo por las supuestas coimas, pero no entregó la llave del despacho del 2° piso hasta la finalización de su mandato. Después de 14 meses, el sanjuanino no sólo disfruta de una vista privilegiada de la plaza de los Dos Congresos, sino también tiene acceso directo al ascensor VIP y al bloque, donde delibera todos los martes con sus compañeros de bancada.
El cordobés Juan Carlos Maqueda, vice de la Cámara, heredó uno de los despachos estratégicamente mejor ubicados, el que perteneció al rionegrino Remo Costanzo. El predio de la planta baja tiene salida directa a la calle Combate de los Pozos, transversal a Rivadavia e Hipólito Yrigoyen y paralela a Entre Ríos, a espaldas del palacio. Se puede transitar a pie o en auto, y es ideal para emergencias por ejemplo, cuando hay marchas de jubilados «lanzahuevos» frente al Congreso.
Raúl Alfonsín también consiguió un avance en materia de locaciones y se quedó con la oficina que abandonó Eduardo Bauzá, sanitarios incluidos. En el primer piso, a pocos pasos del recinto y vecino de la presidencia del cuerpo, estaba reservada para la mendocina Marita Percéval. La sucesora de Bauzá le entregó la llave al ex presidente radical, a cambio de que éste le diera la que le había prometido José Antonio Romero Feris en la planta baja, pero sin baño propio. En el apuro de la mudanza, los colaboradores del cacique de Chascomús improvisaron un cartel identificatorio confeccionado a mano y con birome.
La señora de Kirchner se benefició con la interna de los neuquinos. Silvia Sapag, la senadora saliente, le entregó a su colega santacruceña del PJ el despacho que tradicionalmente ocupó el MPN en la Cámara alta y «traicionó» a su prima, la ex intendenta de San Martín de los Andes Luz Sapag. Felipe Sapag, que terminó funciones, le entregó escritorio a su hermana Luz, razón por la cual el otro senador neuquino, Pedro Salvatori, se quedó sin espacio y trasladó la mayor parte de sus asuntos a la ex Caja de Ahorro. Una suerte parecida tuvo el tucumano Pablo Walter (Fuerza Republicana), quien rescató una oficina que había capturado el jujeño Alberto Tell y que originalmente correspondió a Carlos Almirón, fallecido delegado del bussismo.
Los que salieron muy bien parados en la locación de oficinas fueron el santafesino Oscar Lamberto (se pertrechó en el magnífico ámbito que le facilitó el formoseño Ricardo Branda, hoy director del BCRA), José Mayans (el comprovinciano de Branda les ganó de mano a los recién llegados y copó 2 despachos: hizo poner fajas en un predio que dejó Tell en el 4° piso y atendió asuntos en la planta baja, donde trabajó la cordobesa Beatriz Raijer) y el chaqueño Jorge Milton Capitanich (se apropió de la comisión de Acuerdos y la transformó en reducto de Coparticipación, sin que el entrerriano Jorge Busti -designado titular de Acuerdos-atinara a patalear). En cambio, parte de la rama femenina -la sanluiseña Liliana Negre de Alonso y la pampeana Rosa Bertone-tuvo que compartir un monoambiente en el último piso, en dependencias que pertenecieron al bonaerense Jorge Villaverde y Tell, uno de los más ricos en materia inmobiliaria en el barrio de Congreso. Todos tuvieron la suerte de contar con chapa de bronce propia, a diferencia del radical Raúl Baglini, el sindicalista Luis Barrionuevo y el propio Busti, quienes pegotearon carteles con sus nombres en la entrada de sus oficinas.




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