2 de noviembre 2007 - 00:00

Ni la canonización de Ceferino calma el enojo de Kirchner con la Iglesia

Para la Iglesia, la llegada al país la semana que viene del secretario de Estado Tarsicio Bertone es una oportunidad que tiene el gobierno Kirchner de irse en paz, confesado y reconciliado de tanta inquina después de cuatro años. Pero hasta ayer no había logrado hora para reunirse con Néstor Kirchner, que para esas fechas estará recibiendo al premier socialista español, José Luis Rodríguez Zapatero. Bertone viene al país a participar de los actos de beatificación de Ceferino Namuncurá y de varias celebraciones episcopales junto a Jorge Bergoglio, a quien le atribuye el gobierno un rol clave en el armado opositor. Teme, además, que una gira de Bertone por la Patagonia -que incluye Río Gallegos- se convierta en una marcha opositora.

Ni la canonización de Ceferino calma el enojo de Kirchner con la Iglesia
La llegada el viernes próximo al país del jefe de gobierno del Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, pone a los Kirchner en la oportunidad de revisar su política agresiva hacia la Iglesia de Roma. Se conoce ya algo de esa actitud, que no modifica lo que se sabe: hasta ayer han sido vanos los esfuerzos del nuncio -embajador -Adriano Bernardini para obtener una cita entre el visitante y Néstor Kirchner.

Bertone viene al país para presidir en Río Negro la beatificación de Ceferino Namuncurá, patrono espiritual de la Patagonia y fruto mayor de la orden de los salesianos, la misma a la cual pertenece el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín.

Kirchner dedicó toda su presidencia a marcar diferencias con la Iglesia, plegándose a la demonización de su pasado remoto y reciente. Cree el Presidente, según confiesa a los amigos cuando le piden explicaciones, que halaga a un sector de la población que es anticlerical y a la cual irritan los revoleos de sotana cerca del poder. Cuando lo ha necesitado, claro, se ha hincado ante la Virgen de Luján, por ejemplo, en las horas previas a la elección del 28 de octubre, cuando se prosternó en la basílica que honra a esa virgen para pedir por su destino. También dotó a esa basílica con dádivas que le valieron un elogio impar, que después de Eduardo Duhalde es el presidente que más hizo por ese santuario.

Los festejos por Ceferino, que puede llegar a ser el primer santo argentino por hechos en el país -el otro, Héctor Valdivieso, era un sacerdote nacido en el país pero santificado como mártir por haber sido fusilado durante la guerra civil española -se harán en simultáneo con Bertone en Chimpay y el papa Benedicto XVI en Roma el domingo 11. El secretario de Estado arribará al país el viernes 9, mientras Néstor y Cristina de Kirchner estarán en la cumbre de mandatarios de Chile. Lo atenderá Daniel Scioli que, por supuesto, se ha apuntado para recibirlo como presidente a cargo y también para acompañarlo en las ceremonias del domingo.

El sábado -que es cuando regresan al país-, los Kirchner dicen tener la agenda ocupada con la visita del premier español José Luis Rodríguez Zapatero («González Zapatero» lo mencionó Cristina de Kirchner en el reportaje con Morales Solá).

Que los Kirchner se digan sin tiempo para recibirlo porque lo prefieren a Zapatero es toda una señal para Bertone. El domingo pasado, el papa Benedicto beatificó en la Plaza de San Pedro a 498 españoles, asesinados en 1934 y 1936 -1939, considerados por la Iglesia « mártires del siglo XX». Los proclamados son dos obispos (de Ciudad Real y Cuenca), 24 sacerdotes diocesanos, 462 miembros de Institutos de Vida Consagrada, un diácono, un subdiácono, un seminarista y siete laicos.

A esa ceremonia concurrió el canciller Miguel Angel Moratinos en representación del gobiernosocialista, pero tuvieron que llevarlo casi a empellones por presión de sectores católicos de España que se escandalizaron al enterarse de que no viajarían altos funcionarios del gobierno. Se entiende esa polémica en un país como España, que todavía sufre los entuertos de un pasado en donde la Iglesia militó en uno de los sectores de aquella guerra.

El nuncio Bernardini igual espera que Kirchner se haga un tiempo para recibirlo a su jefe Bertoni. Le place que Scioli lo atienda, pero sabe del élan amigable del vicepresidente, que conoció al actual secretario de Estado cuando era obispo de Roma (los presentó el hoy secretario de Culto, Guillermo Oliveri). Pero querría que esta presencia de la autoridad política más importante de Roma después del Papa sirviera de oportunidad para algún giro de la política del gobierno en vistas a nuevo mandato kirchnerista.

  • Expectativa

    ¿Qué espera el gobierno del enviado de Roma? Que no convierta sus apariciones públicas en actos políticos. El viernes, cuando arriba, tiene prevista gran misa concelebrada en Pilar con Jorge Bergoglio y todos los obispos del país. Para rajar la tierra. Después, en Río Negro, estará con la comisión de Episcopado... y con Bergoglio. Y desde el lunes 12 recorrerá todos los santuarios de la vida de Ceferino, sedes hoy de instalaciones salesianas, incluyendo Río Gallegos, cuyo obispo suele prestar el auditorio del obispado para que se emitan programas de periodistas críticos del gobierno Kirchner. Un bombón.

    Por especulación con las reacciones del público hacia sus señales contradictorias ( hincarse en Luján y a la vez consentir desde el propio gobierno manifestaciones irreligiosas), Kirchner deja trascender de su oficina la idea de que el cardenal Jorge Bergoglio es el verdadero jefe de la oposición. El cardenal, a su vez, tiene una idea negativa del Presidente como un abanderado del pensamiento antirreligioso. Lo ha desairado en cuanto pudo, por caso, alentando la destitución de Aníbal Ibarra con quien confrontó en una polémica sobre la muestra de León Ferrari que signó el destino del ex jefe de Gobierno. Ha animado, además, reuniones con dirigentes políticos de las cuales han surgido designaciones (por ejemplo, a la legisladora porteña Victoria Morales Gorleri en listas del macrismo) y vetos, como el del nonato ministro de Cultura, Ignacio Liprandi, a quien bajó del gabinete Macri por creerlo defensor de la unión civil de personas del mismo sexo.

    Kirchner cree que puede prosperar hacia adelante sin que haya sistema político, sumido en una crisis terminal en el país; Bergoglio entiende que esa crisis la puede suplir la Iglesia asumiendo el liderazgo de ciudadanos que no encuentran lugar en partidos políticos. Cree, como buen jesuita que es, que la expresión «vox populi, vox dei» no es un estribillo de Narosky, sino un mandato político que no le evitará peleas con el poder, como los jesuitas de antes.
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