Nielsen, muro que separa a Telerman de la Rosada
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Jorge Telerman, ayer en la Facultad de Derecho, en un encuentro por el cumplimiento de los 10 años de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.
Pocas veces se puede definir tan sintéticamente una teoría del conocimiento, del poder y su fugacidad. Telerman no quedó convencido de que lo que le proponían fuera eficaz para terminar de sellar su relación con Kirchner. Quiso entender, como le habían aconsejado. Quizá imaginó que el fusilamiento de Nielsen era sólo un gusto que quería darse Fernández, de tan mala que había sido la relación del jefe de Gabinete con Roberto Lavagna, el jefe y amigo del secretario, durante los últimos meses compartidos en el gabinete nacional.
El alcalde se orientó, en buscadel conocimiento, hacia su consejero en la Rosada: Carlos Zannini. Este funcionario cultiva un jesuitismo común entre los abogados cordobeses, como él: «Es cierto que la designación de Nielsen te hizo ganar el malestar del Presidente. Pero no te garantizo que la expulsión te haga ganar la simpatía», le dijo Zannini a Telerman. No redujo la incertidumbre y, entonces, el deseo de Fernández le salvó la cabeza a Nielsen. Si no fuera por su pedido, tal vez Telerman ya lo hubiera defenestrado.Motivos, como se verá, le sobran. Pero no habría que descartar que la conversación con el jefe de Gabinete, en lo de Rodríguez, haya tenido un efecto paradójico. En ella hay detalles reveladores. Por ejemplo, el intendente puede ahora desdeñar, por inconsistente, una de las amenazas que le lanzan desde Olivos: si allí no toleran a Nielsen como mero secretario de Hacienda, ¿cómo pueden alentar a Lavagna como jefe de Gobierno? Además, ¿cuál sería el interés de Fernández por encontrar zonas de transacción con Telerman, si se tratara de un candidato fallido, como quiere hacer creer un sector del oficialismo?
Este interrogante puede despejarse con un dato conocido: Kirchner sigue encontrando dificultades para postular a Daniel Scioli en la Capital. No sólo porque desconfía de él tanto o más que del actual jefe de Gobierno. También porque teme que sus votantes prefieran a Mauricio Macri si se los somete a la opción. Todas estas conjeturas parecen haber llevado a Telerman a ganar tiempo. Después de todo, ya pasó más de dos meses largos fuera del palacio y no fueron tantas las adversidades. En la Casa Rosada deberían conjeturar que el amor no correspondido puede pasarse de punto y transformarse en indiferencia y despecho. Sin que la imaginación vuele más allá de lo debido: porque tal vez la pasable autonomía de Telerman puede convertirse en un activo si el cesarismo de Kirchner termina por irritar a los porteños, sobre todo después de la ceremonia de exaltación personal que será la concentración del 25. Pero lo concreto es que Nielsen seguirá cobrando el sueldo, al menos un mes más. A pesar de todo lo que hace para que lo echen. Acaso su designación haya sido un error en sí mismo y no por las razones que supone Fernández. La Secretaría de Hacienda no es el Ministerio de Economía de la Nación. Desde ella no se ejerce una política económica, sino tareas mucho más sencillas, que acaso requieren ánimos más apacibles y menos autosuficiencia. Además, en una ciudad en la que juntar la basura se ha convertido un objetivo inalcanzable, tal vez no sea lo más urgente contar con una estrella de las finanzas en la administración.
Aun así, desde que llegó Nielsen se comporta como una figura consagrada: ya exigió la presidencia del Banco Ciudad para Leonardo Madcur y la Procuración de la comuna para otro amigo suyo. Telerman le explicó que no le daría esos cargos. El, entonces, reclamó la administración de los subterráneos. El jefe de Gobierno le contestó con una evidencia: «Esto no es una kermesse, donde hay que llevarse algo pase lo que pase». Tiene humor Telerman. Si Fernández salvó a Nielsen, éste le dio una inesperada supervivencia a Daniel Hecker, el presidente del Banco Ciudad. El banquero privado con cuyo desembarco había fantaseadoel alcalde deberá esperarun tiempo, si es que esa fantasía se realiza. Las habladurías que le llevaron al intendente sobre su secretario de Hacienda, sobre todo de parte de algunos empresarios de recolección de basura, terminaron por decidir el congelamiento de su imagen en el gabinete municipal. Todo el caso sirvió hasta ahora, en rigor, como banco de pruebas para otras operaciones. Primero, para que se conozca el nivel de conflicto entre el gobierno y Lavagna en un momento en que la figura del ex ministro es levantada por quienes buscan un desafiante para Kirchner el año que viene, como Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín. Después, para que Telerman haga gala de una autonomía que, si no fuera por Nielsen, acaso ya habría sido arrasada desde el primer día por el gobierno nacional.



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