16 de marzo 2004 - 00:00

Niño cantor sorteará bancas en la Capital

Los legisladores porteños deliberaban ayer acerca de la temperatura del bolillero y el atuendo que tendrá quien lo maneje, el jueves que viene, cuando se sorteen las bancas a renovar.

El mecanismo que inventó la Legislatura para definir quiénes se van en 2005, cuando deben renovarse las 30 bancas que representan la mitad del cuerpo, disparó una puja interna en los bloques y las sospechas de un posible fraude.

Según la norma, las listas originales, tal como llegaron al cuarto oscuro, deben dividirse en dos grupos de igual cantidad de legisladores. Los restos, los impares, pasan a un grupo general junto con los bloques de un solo diputado, como la UCR e Izquierda Unida.

El jueves en el recinto habrá dos bolilleros, con apenas 2 bolillas cada uno y varios pasos a seguir. Primero se sorteará una letra -A y B-para cada grupo, excepto para el de «solos y solas». Una vez asignada la letra, se sortea a los solos para integrarlos a A o B. Finalmente, se saca una bolilla de letra y otra de número, 2 o 4, que representa si los mandatos de la lista A o B duran 2 o cuatro años.

• Congelamiento

«Yo tengo miedo de que me congelen la bolilla», musitó en ronda legislativa una diputada del peronismo, hoy licuado en varias boletas. La preocupación llamó la atención del resto, que inmediatamente pidió explicaciones. «A mí me aseguran que si ponés las bolillas en el freezer son más pesadas porque les cambia el peso específico», les trasmitió la angustiada legisladora, y ante tal confesión científica, le preguntaron si daba lo mismo con bolillas plásticas o de madera. «Creo que sí; hay que asegurarse de que no congelen las bolillas», insistió.

«Lo que pasa es que la norma que votamos habla de especialistas para ese momento»,
la tranquilizó otro legislador, y los demás pensaron en traer un físico o un químico para subir al estrado el día del sorteo.

«No, habría que llamar a los de Lotería Nacional»,
le aclararon ante tanta incertidumbre. Otros, tan desconfiados como de la temperatura de la bolilla, propusieron llevar un escribano el jueves al recinto, como testigo ilustrado de lo que se colocará en el bolillero, pero esa idea fue rechazada: «Si nosotros tenemos la facultad de hacer leyes, no puede venir un escribano a controlarnos», suponen.

Lo que sí piensan los legisladores cumplir es una de las mociones que se planteó en el recinto al momento de votar la inusual mecánica: «Que los que manejen el bolillero usen manga corta», exigieron con total desconfianza de sí mismos.

Las sospechas de los legisladores ayer no rondaron solamente en el acto del sorteo, sino también en los criterios para dividir las listas en dos. Si bien el tiro final lo dará quien oficie de niño cantor de turno, la hechura de dos grupos genera polémica, porque hay listas surtidas de partidos y otras que ya no son tales. Un caso es el de Fuerza Porteña, la propia -la alianza de
Aníbal Ibarra-donde convivían unos cuatro oficialistas, pero uno, Ariel Schifrin, ya partió a otro bloque, surtido de los representantes adherentes a Néstor Kirchner que fueron en la boleta del guardabosques Miguel Bonasso. Otro caso es el de los zamoristas: ingresaron 8 legisladores, pero dos, no bien pisaron el palacio de Perú 130, armaron banca propia.

A la hora de dividirse, los subgrupos de cada lista quieren tener igual chances de uno y otro lado; por eso los que ya no pertenecen a la lista y se reagruparon pelean porque el resto les admita ser considerados como un partido al momento de la división.
Es fácil dentro de la oposición, la situación del radicalismo que tiene allí dos legisladores, Jorge Enríquez y Laura Polimeni, entonces irá uno a cada grupo. Se complica para el ibarrismo, donde la oficialista Sandra Dosch es número impar y deberá quedar en la lista de sueltos, con esa mecánica en la que cada bloque se asegura al menos que le quede hasta 2007 la mitad de la bancada y luego correr la suerte en 2005 de aumentarla o no. Lo que es seguro es que partidos chicos deberán para entonces elevar la apuesta, ya que al elegirse sólo 30 diputados, ya no 60, el piso de votos se eleva. Por eso también los recaudos de un bolillero que no les engañe.

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