No alcanzó Fernández, tampoco Cristina: debió salir Kirchner
• Como si no se hubiera retirado del cargo, ayer el ex presidente Néstor Kirchner (acompañado por dos ministros en ejercicio, Carlos Tomada y Florencio Randazzo, también por el secretario de la Casa Rosada, Oscar Parrilli) acusó a los Estados Unidos de gestar una operación sucia por el affaire de la valija con 800 mil dólares. Lo hizo con más energía que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y la propia Cristina, que lo habían precedido, días antes, con mensajes semejantes. Fue un auxilio al nuevo gobierno que él decidió instalar, casi una reparación a posibles huecos dejados por los otros dos personajes. Se entiende en lo político, pero específicamente en el tema del escándalo valijero, su explicación -por más que utilizara el tono fuerte, aquel de los viejos tiempos frente al atril- también fue insuficiente: como estirar una manta que no alcanza a cubrir todo el cuerpo.
• Pidió respeto por la Argentina (les hablaba a los hermanos y hermanas argentinos en una celebración de AySA, la empresa de aguas que controla el hermano sindicalista José Luis Lingieri), le imputó a EE.UU. un tratamiento de colonia para el país y dijo que está manoseando a los argentinos una banda de mafiosos. «Señor embajador (Earl Wayne), lo que están haciendo en Miami es una vergüenza» (el juicio del valijero). También reclamó que devolvieran a Antonini Wilson para ser juzgado en la Argentina -tarea imposible, ya que es un « testigo encubierto» para la Justicia norteamericana-, esfuerzo que tal vez debió proceder en su administración, cuando fue detenido por unas horas y se le permitió huir al Uruguay casi sin declarar. De cualquier manera, Kirchner le precisó a Wayne: «Así las relaciones no van a ser buenas». Por la tarde, el embajador se reunió con el ministro Jorge Taiana. Saldo: las relaciones no van a ser buenas. Mucho más cuando hoy vuelvan a aparecer novedades del juicio en Miami, al revelarse -cual culebrón caribeño- parte del contenido de las conversaciones de Antonini Wilson, el valijero, con tres venezolanos hoy detenidos en la tierra de las naranjas con el traje carcelario del mismo color.
• Después, ya en otro rubro, y agresivo, le recordó a Washington la violación que realiza de los derechos humanos en las cárceles de la base de Guantánamo. Notable: por primera vez hizo pública esta inquietud, pues no se recuerda que estas enormidades lo preocuparan durante su anterior gestión (hasta se olvidó de mencionar otros presidios del mundo en los que los norteamericanos tampoco respetan a los prisioneros). Esta, claro, fue una derivación de su discurso, igual que las citas sobre el último envenenamiento del prefecto Febres, como si este acontecimiento fúnebre -al igual que el desborde piquetero o las demandas sindicales- respondiera a maniobras en las cuales también está implicado el gobierno norteamericano. ¿No será un exceso?
• Pero, en su óptica, el proceso judicial que se realiza en Miami (en el cual un fiscal denunció que la plata venezolana incautada en Ezeiza a Antonini Wilson era para la candidatura de Cristina de Kirchner y que los tres venezolanos detenidos amenazaron a Antonini hasta ofrecerle dos millones de dólares -con amparo del gobierno argentino- para que no hiciera esa confesión) obedece al enojo norteamericano por «la profundización del modelo argentino» (es obligatorio el sic, además de las comillas) y su asociación con Hugo Chávez «para crear el Banco del Sur». Ni Wayne ni tampoco otro vocero del Norte han respondido a esta lucubración oficial.
• Esa interpretación encaja, tal vez, en el Kirchner de siempre que ayer asumió un rol del cual se había desprendido hace apenas 10 días. Es parte de su contenido personal poco tolerante con Norteamérica (salvo el instante en que le tocó la rodilla a George Bush). No encajaba tanto esa disputa, en tanto, con «el cambio que se viene» que amagaban representar Cristina y su jefe de Gabinete, Fernández. La mandataria presumía de buscar un diálogo menos hostil con los Estados Unidos, hizo viajes a esa tierra, se prometía otros, hasta se conectó sin prejuicios con círculos recalcitrantes del conservadurismo (el Council of the Americas, por ejemplo). A su vez, Fernández, debido a cierta inclinación crítica a Irán (no olvidar que la Argentina de Kirchner cumplió con la mayor demanda de EE.UU.: el pedido de extradición a los acusados iraníes por haber puesto la bomba en la AMIA), hasta debió digerir el insulto (bueno, hoy insulto) producido por el piquetero oficial Luis D'Elía, de que servía a los intereses de los Estados Unidos. La valija ha complicado todo y amenaza con hacerlo mucho más.
• Kirchner, en su descargo respaldando a su esposa presidente, hasta volvió a ocuparse de los medios y complicar al diario «La Nación» en un cóctel con los Estados Unidos. Supone, dijo, que el actual resentimiento del matutino (resentimiento que sólo observa él, por otra parte) proviene de que Cristina se pronunció a favor de un homenaje al paraguayo general Francisco Solano López, quien luchó solo contra la Triple Alianza y, en consecuencia, contra Bartolomé Mitre. Entiende que ese recuerdo histórico, revisionista, determina una conducta opositora de los familiares de ese órgano. Si el criterio fuera cierto, habrá que esperar una tempestad mediática de los herederos cuando Cristina -dudosamente- se exprese a favor del tucumano Juan Bautista Alberdi, a quien se dice nunca se le podía levantar un monumento en la Capital por la rabia mitrista que separaba al fundador del diario y su familia del autor de la Constitución nacional.
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Cristina de Kirchner, Néstor Kirchner y Alberto Fernández.
El discurso presidencial de Kirchner se centró en el reclamo de extradición del venezolano Guido Antonini Wilson, quien actualmente colabora con el FBI y es investigado en la Argentina por lavado de dinero y contrabando, luego de que intentara ingresar al país 800 mil dólares sin declarar en agosto. Y ayer, la jueza María Marta Novatti libró un exhorto que amplía el requerimiento para la extradición a la Argentina de Antonini al incluir el delito de lavado de dinero.
La ofensiva verbal de Kirchner también apuntó a Estados Unidos en un discurso que pareció coordinado con el de su esposa ante los presidentes del Mercosur en Montevideo. «El embajador de los Estados Unidos -Earl Anthony Wayne- decía que las relaciones con la Argentina son buenas. Lo que están haciendo en Miami es una vergüenza señor embajador, se lo digo como ciudadano argentino, así las relaciones no son buenas, ustedes nos tienen que respetar», exigió el ex gobernador de Santa Cruz. Aplaudían Carlos Ben, titular de AySA y José Luis Lingeri, integrante del directorio y secretario general de la Federación de Trabajadores de Obras Sanitarias.
«La Argentina no es una colonia», bramó el marido de Cristina de Kirchner y reiteró la teoría oficial expuesta por la nueva presidente de que la «operación» de Estados Unidos está relacionada con el nacimiento del Banco del Sur, la consolidación modelo económico nacional y la profundización del Mercosur. «Les preocupa que se haya pedido por secuestrados como Ingrid Betancourt, les preocupa que nosotros con absoluta firmeza digamos que condenamos el terrorismo global pero esto no quiere decir que se violen derechos humanos o que no admitamos bases como la de Guantánamo que dan vergüenza», se quejó el ex jefe de Estado.
La efervescencia kirchneristatuvo lugar en la fiesta de fin de año de la reestatizada AySA, en el complejo Costa Salguero, donde Kirchner reunió unas dos mil personas que lo escuchaban referirse en su discurso «a algunos hechos que están sucediendo por estas horas». «No me voy a callar como argentino por la responsabilidad que tuve. Tengo que tener la fuerza para decir qué es lo que esta pasando en estas horas», aseguró en reemplazo de su ausente esposa. Apenas un par de horas antes, la Presidente había denunciado desde Uruguay una «campaña de inteligencia» y una « operación basura» estadounidense, por el mismo tema.
Kirchner también aprovechó para defender la reestatización de AySA. Ben agradeció la tarea del ex presidente, quien hoy continuará su actividad política al reunirse con intendentes de todo el país en la sede de la Federación Argentina de Municipios (FAM).
Antes de despedirse, aseguró que lo que viene en la Argentina «será mejor» y dijo que «no es casualidad» que el prefecto Héctor Febres «haya aparecido muerto», días antes de que se conociera la sentencia del juicio que se le seguía por delitos de lesa humanidad y el mismo día de la asunción de Cristina de Kirchner.




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