21 de diciembre 2001 - 00:00

Ola de saqueos azotó ayer con fuerza toda la Ciudad

Ola de saqueos azotó ayer con fuerza toda la Ciudad
Los negocios porteños padecieron ayer una ola fulminante de saqueos, similar a la que vivieron otros comercios del país días atrás. Cientos de personas ingresaron sin problemas a almacenes, restoranes, minimercados y también a locales de rubros «non food», como tiendas de indumentaria. La corriente de robos, que pasó y se desparramó con fuerza en inmediaciones del Obelisco, Plaza de Mayo y Congreso, culminó con medio centenar de negocios destruidos y vaciados.

El miércoles, día del estallido, los saqueos en la Ciudad habían sido aislados y los negocios cerraron sus puertas más que nada por obvia precaución y temor a que haya «un contagio» de lo ocurrido en las provincias.

En el correr de las horas, la pueblada pasó de la tensión al caos y la imagen del microcentro se convirtió en una impecable fotografía de guerra. La tarde vio caer las vidrieras de la tradicional tienda Modart, junto a las de otra casa de venta de ropa, de una pizzería y de una sucursal de McDonald's. Un Blockbuster, varios minimercados de distintos puntos, una óptica, un supermercado Disco en Palermo y otro de la cadena en Belgrano y Entre Ríos, un Norte en Once y disquerías céntricas, entre otros, también fueron castigados.

En la gestación del «saqueo de la década», los comerciantes de la Capital Federal idearon todo tipo de artilugios para esquivar la inevitable conjunción de manifestantes, saqueadores y policías que batallaron frente a sus vidrieras.

Los más rápidos taparon el miércoles a última hora sus frentes con diarios y papel madera para lograr un efecto «local en alquiler» y retiraron como pudieron alguna parte del stock. Otros, especialmente los almacenes, panaderías y despensas, prefirieron entregar comestibles antes que sufrir un avance de los arrebatadores o armarse.

En el barrio de Saavedra, el dueño de un minimercado ubicado en Melián al 4400 se defendió a tiros de un grupo de saqueadores armados que ingresaron en el local.

• Cautela

Luego de un breve tiroteo, el propietario logró echar a los asaltantes, uno de los cuales resultó levemente herido.

Según se supo, los saqueos generalizados en la Capital comenzaron en la madrugada de ayer, se detuvieron por la mañana y se repitieron avanzada la tarde. Especial-mente en la zona de San Telmo y Montserrat, se atacaron comercios entre las 2 y 4 y, por eso, muchos propietarios se enteraron recién a prime-ra hora de ayer que sus locales habían sufrido forcejeos, robos y destrozos durante la noche anterior.

Increíblemente, la mañana en la Ciudad se desarrolló más pacífica que lo pronosticado. La mayoría de los negocios ubicados a lo largo de la avenida Santa Fe, desde Coronel Díaz hasta Libertad, abrió y atendió a sus clientes sin mayores problemas. En Balvanera, aunque con las persianas semibajas, algunos comerciantes lograron concretar ventas.

En Caballito, Belgrano, Boedo y Once, entre otros, los locales trabajaron con cautela a pesar de la poca gente que circulaba en la calle. Los comercios ubicados a lo largo de la línea Congreso-Plaza de Mayo, y en su periferia, no abrieron en general por miedo a los disturbios entre el millar de personas que protestaban en el lugar y la fuerza policial.

Pese a esta situación, que se repitió con intervalos aislados durante todo el día, algunos negocios abrieron y cerraron cíclicamente según los rumores de los vecinos.

• Cierres masivos

Entre las 11 y 12.30 la tranquilidad comenzó a desvanecerse. «Están destruyendo todo lo que encuentran al paso en Belgrano y Jujuy, cerremos ahora», dijo un alma-cenero del barrio. En ese momento, comenzaron los cierres masivos de locales y finalizaron completamente a las 17. Después de esa hora, el silencio comercial invadió las calles porteñas y el ruido de los saqueos se adueñó de la agonizante tarde.

En el lapso que duró el cierre de los negocios, los comerciantes intentaron trazar un esbozo del que será el peor balance de cuentas y pérdidas de las últimas 10 navidades.

«Estamos aterrados, tenemos miedo de perder nuestros locales, no podemos pagar las cuentas, se nos cayeron las cuentas corrientes», dijo desesperado el presidente del Centro de Industriales del Pan de la Capital Federal, José Alvarez, a este diario. Antes del desborde, el sector había pedido al Ejecutivo prórrogas en el pago de sus deudas de 90 días por la crítica baja en las ventas del mes. El miércoles también solicitaron la renuncia del equipo económico y un plan de emergencia nacional.

En diálogo con
Ambito Financiero, el presidente de la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME), Osvaldo Cornide, aseguró que «la repercusión de todo esto será fatal» y que «por ahora no hay autoridad a la cual dirigirse para pedir prórrogas en el pago de servicios».

Momentos después, CAME exigió la renuncia de Fernando de la Rúa explicando que en su discurso puso en evidencia «una vez más su incomprensión acerca de la gravedad de la crisis».

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