El miércoles pasado por la tarde, el secretario general de la Presidencia, José Pampuro, negoció con el jefe de campaña de Adolfo Rodríguez Saá, Luis Lusquiños, que tanto el sanluiseño como Néstor Kirchner acuerden el uso de los símbolos partidarios del PJ y, si fuera posible legalmente (algo muy controvertido), el nombre del partido para concurrir a las elecciones generales del 27 de abril.
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El congreso del PJ que sesionó en Lanús y dispuso la abstención del partido en las elecciones del 27 de abril les ocasionó a los candidatos un daño de dimensiones: la marca «PJ» es la que más votos retiene, por sí sola, en la política argentina. Se calcula que por lo menos 15% del electorado peronista se inclina por quien aparezca debajo de ese logo, cualquiera sea la identidad del candidato.
La legislación electoral establece que cada partido debe presentar una sola fórmula para competir en las urnas. Eso hace imposible la utilización simultánea de la sigla por los tres candidatos, es decir, Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, que es en teoría el único que, al cabo de un proceso judicial, podrían conseguir el derecho a utilizarla si es que se convalidan las internas del 23 de febrero en las que se presentará solo, sin competencia.
¿Podría la Justicia convalidar un acuerdo interno por el cual los tres candidatos se conceden mutuamente el derecho a usar la marca con un aditamento tipo «renovador», «popular» o «laborista»? Es lo que pretenden Rodríguez Saá y Kirchner, quienes no calculan que un tercer partido podría impugnar esa violación a las normas. Se basan en el antecedente de 1958, cuando dos fracciones del radicalismo compitieron con el nombre de UCR, «intransigente» (frondicista) y «del pueblo» (balbinista). La Justicia resolvió mucho después el conflicto por el uso de esa denominación.
Claro que el acuerdo entre estos dos sectores es casi lúdico, porque el que lleva las impugnaciones a nivel judicial, Carlos Menem, junto con su candidato a vice, aclaró que no está dispuesto a negociar ese pleito. Durante la mañana de ayer, el duhaldismo percibió esta negativa y alcanzó, casi a desgano, una alternativa: los apoderados de Menem, que comanda Luis Giacosa, recibieron la oferta de los apoderados de Duhalde, que comanda Jorge Landau, para que se realicen internas pero con el padrón general, es decir, con la intervención de afiliados de otros partidos en la interna del PJ. La respuesta fue obvia: «Eso es inaceptable».
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