Organigrama oficial, campo de batalla del duhaldismo
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• Otra curiosidad de la nueva anatomía del Ejecutivo es que multiplica algunos órganos para realizar la misma función. Eso no expresa un descuido sino la imposibilidad de zanjar las disputas. Por ejemplo: los temas de obras públicas, que habitualmente representan grandes «cajas», se distribuyen por lo menos en cuatro sedes de la administración. Remes controlará una Secretaría de Infraestructura. El Presidente una Secretaría de Obras Públicas, por la que sigue presionando Hugo Toledo (aquel ex ministro del ramo en la provincia, conocido como «el chino Chan Don» o «Donosornabuco»). Manejará la plata pero la «orientación política» de los planes de vivienda y urbanismo será facultad de «Chichi» Doga, es decir, de Chiche Duhalde, en Desarrollo Social. Aníbal Fernández retuvo, en la Secretaría General, un Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional que heredó de otro grande del cemento, Nicolás Gallo. Fernández capturó también una «gema» adicional, de las que en su momento lució en su corona Carlos Corach: la Corporación Puerto Madero, sobre cuyos cometidos se conoce muy poco ya que la obra que se le había encomendado terminó hace tiempo. Como se ve, en muchas oficinas del gobierno se hablará de ladrillos, lo que no desentona con un presidente designado a quien los bonaerenses llamaban «Ramsés II» por su pasión por la construcción.
• Aparte de la localización administrativa de este tipo de tareas, los planes de obras generaron una polémica casi macroeconómica. La Secretaría de Vivienda, que dependería de Toledo y de su colaborador Enrique Plana, tiene previsto administrar un Fondo Fiduciario para el Financiamiento Habitacional, de 700 millones de pesos. Los duhaldistas extrañan el Fondo del Conurbano que manejaron durante años y buscan recrearlo de cualquier manera: aunque sea integrándolo con LECOP. Esta pretensión fue la que puso a Remes al borde de la renuncia como ministro, hace dos viernes.
• Vacantes
• En el caso de Economía, el área de Infraestructura presenta una situación cómica: domina tres subsecretarías casi vacantes. Una es Energía, que Alieto Guadagni no quiere ocupar si no la suben de rango. Juró como «secretario» de una dependencia inexistente en el nuevo organigrama. Telecomunicaciones fue reclamada por Duhalde para que dependa de la Rosada, aunque todavía esté vacante (languideció la estrella de Juan Manuel Valcarcel pero no llegan todavía a brillar las de Roberto Parodi, José Capdevila u Omar Szulak). Transportes, al contrario, es Remes quien la quiere en Presidencia: le pusieron allí a Guillermo López del Punta (conocido en la Bicameral de Privatizaciones del Congreso como el «distribuidor Echeverry», ya se ganó el corazón de los exportadores dolarizando las tarifas del puerto).
• Mabel Müller tiene su marido en la SIDE pero igual (o tal vez por eso) resultó desinformada: la Secretaría de Medio Ambiente terminó quedándosela Salud. Ginés González García se impuso sobre dos mujeres poderosas. La propia Müller -madrina de Ricardo Jileck, experto en el tema desde los tiempos de María Julia Alsogaray- y Chiche Duhalde, quien pretendía que esa secretaría estuviera en Desarrollo Social.
• El decreto de Duhalde deja algunas peleas sin definir, de tal manera que la vida dentro de la corte no pierda interés. Una de ellas tiene que ver con los medios de Comunicación. El secretario general Fernández, no conforme con el manejo del COMFER, también abrió un problema de medianera con Carlos Ben, secretario de Medios: quiere manejar la pauta de publicidad del Estado, reclamando también otro antecedente de Gallo, que en otros tiempos tuvo a «Medios» dentro de su pequeño imperio.




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