22 de febrero 2002 - 00:00

Organigrama oficial, campo de batalla del duhaldismo

Es habitual que los presidentes se fascinen con los organigramas, sobre todo cuando las crisis los devoran. Es casi una terapia ocupacional. Como Fernando de la Rúa, también Eduardo Duhalde quedó hipnotizado delante del mapa que distribuye cargos y funciones dentro del gobierno. Durante los dos últimos meses, es decir, desde que asumió el gobierno, sus principales funcionarios se disputan espacios de poder, despachos, jerarquías y recursos económicos en una mesa de arena en la que aparecen ministerios, secretarías, fondos especiales y organismos descentralizados. Hacen que gobiernan. Duhalde zanja en ese juego imaginario algunas disputas y deja abiertas otras. Tantas que hay que esperar que el dibujo siga mutando por el impulso de nuevos tironeos y peleas. Hasta anoche, cuando el secretario de Legal y Técnica, Antonio Arcuri, llevó a Olivos el decreto de necesidad y urgencia que establece el nuevo diseño de la administración central, la foto de los repartos y polémicas era ésta:

• La organización del Ejecutivo no presenta, según se la percibe en el formato del gabinete, ningún tipo de recorte. Duhalde pretende manejarse con 10 ministerios y con 9 secretarías que dependerán de él. Ese esquema será consagrado, como ya se dijo, por un decreto especial que debe ser convalidado por el Congreso y no por una ley, como estaba previsto inicialmente.

• Los ministerios serán los siguientes: Interior; Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto; Defensa; Economía e Infraestructura; Producción; Justicia y Derechos Humanos; Trabajo, Empleo y Seguridad Social; Desarrollo Social; Salud; y Educación, Ciencia y Tecnología. A esta estructura hay que agregarle, claro, la Jefatura de Gabinete.

• Las secretarías serán: General; Legal y Técnica; Inteligencia; Seguridad Interior; Turismo y Deportes; Obras Públicas; Medios de Comunicación; Cultura; y Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico.

• La principal pelea de las que se libraron antes de que la imagen del gabinete alcance esta versión la sostuvieron Jorge Remes Lenicov y José Ignacio «Bocha» de Mendiguren. El motivo del conflicto es importante: cuál de los dos manejará la política arancelaria y la asignación de reembolsos y reintegros a las exportaciones. En lo principal, es decir, el campo allí donde De Mendiguren podría dar rienda suelta a su proteccionismo, ganó Remes: el decreto, cuando asigna competencias a las carteras, establece que Economía «entiende» (en la jerga: tiene la responsabilidad primaria) en materia de fijación de aranceles, reintegros y reembolsos a las exportaciones. En esos temas, De Mendiguren «interviene» pero no «entiende» (un chistoso agregó: «Como en casi todo»). En cambio, en lo que se refiere a política comercial, mecanismos antidumping y regulaciones al comercio exterior, Producción se impuso ampliamente sobre Remes. El árbitro de la puja fue en este caso el propio Duhalde. Una curiosidad de esta batalla: casi no participó Carlos Ruckauf, quien a pesar de ser ministro de «comercio internacional» dejó que la política exterior en ese campo sea derivada a sus colegas.

• Multiplicación

• Otra curiosidad de la nueva anatomía del Ejecutivo es que multiplica algunos órganos para realizar la misma función. Eso no expresa un descuido sino la imposibilidad de zanjar las disputas. Por ejemplo: los temas de obras públicas, que habitualmente representan grandes «cajas», se distribuyen por lo menos en cuatro sedes de la administración. Remes controlará una Secretaría de Infraestructura. El Presidente una Secretaría de Obras Públicas, por la que sigue presionando Hugo Toledo (aquel ex ministro del ramo en la provincia, conocido como «el chino Chan Don» o «Donosornabuco»). Manejará la plata pero la «orientación política» de los planes de vivienda y urbanismo será facultad de «Chichi» Doga, es decir, de Chiche Duhalde, en Desarrollo Social. Aníbal Fernández retuvo, en la Secretaría General, un Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional que heredó de otro grande del cemento, Nicolás Gallo. Fernández capturó también una «gema» adicional, de las que en su momento lució en su corona Carlos Corach: la Corporación Puerto Madero, sobre cuyos cometidos se conoce muy poco ya que la obra que se le había encomendado terminó hace tiempo. Como se ve, en muchas oficinas del gobierno se hablará de ladrillos, lo que no desentona con un presidente designado a quien los bonaerenses llamaban «Ramsés II» por su pasión por la construcción.

• Aparte de la localización administrativa de este tipo de tareas, los planes de obras generaron una polémica casi macroeconómica. La Secretaría de Vivienda, que dependería de Toledo y de su colaborador Enrique Plana, tiene previsto administrar un Fondo Fiduciario para el Financiamiento Habitacional, de 700 millones de pesos. Los duhaldistas extrañan el Fondo del Conurbano que manejaron durante años y buscan recrearlo de cualquier manera: aunque sea integrándolo con LECOP. Esta pretensión fue la que puso a Remes al borde de la renuncia como ministro, hace dos viernes.

• Vacantes

• En el caso de Economía, el área de Infraestructura presenta una situación cómica: domina tres subsecretarías casi vacantes. Una es Energía, que Alieto Guadagni no quiere ocupar si no la suben de rango. Juró como «secretario» de una dependencia inexistente en el nuevo organigrama. Telecomunicaciones fue reclamada por Duhalde para que dependa de la Rosada, aunque todavía esté vacante (languideció la estrella de Juan Manuel Valcarcel pero no llegan todavía a brillar las de Roberto Parodi, José Capdevila u Omar Szulak). Transportes, al contrario, es Remes quien la quiere en Presidencia: le pusieron allí a Guillermo López del Punta (conocido en la Bicameral de Privatizaciones del Congreso como el «distribuidor Echeverry», ya se ganó el corazón de los exportadores dolarizando las tarifas del puerto).

• Mabel Müller tiene su marido en la SIDE pero igual (o tal vez por eso) resultó desinformada: la Secretaría de Medio Ambiente terminó quedándosela Salud. Ginés González García se impuso sobre dos mujeres poderosas. La propia Müller -madrina de Ricardo Jileck, experto en el tema desde los tiempos de María Julia Alsogaray- y Chiche Duhalde, quien pretendía que esa secretaría estuviera en Desarrollo Social.

• El decreto de Duhalde deja algunas peleas sin definir, de tal manera que la vida dentro de la corte no pierda interés. Una de ellas tiene que ver con los medios de Comunicación. El secretario general Fernández, no conforme con el manejo del COMFER, también abrió un problema de medianera con Carlos Ben, secretario de Medios: quiere manejar la pauta de publicidad del Estado, reclamando también otro antecedente de Gallo, que en otros tiempos tuvo a «Medios» dentro de su pequeño imperio.

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