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8 de julio 2005 - 00:00

Otra vez el silencio

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¿Quizá las reacciones de este tipo no puede hacerlas antes de conocer el resultado de alguna encuesta exprés? La talla de un dirigente se mide, además, por la reacción ante una crisis repentina. Un mandatario es depositario también de las tristezas y las alegrías de sus mandantes. Hasta anoche no se le había escuchado una palabra al presidente sobre Londres.

¿No será que cree que puede herir su imagen solidarizarse con un país que mantiene una querella secular sobre el territorio de Malvinas? Sería confundir y confundirse. ¿Será que entre los gobiernos que se solidarizaron, en las primeras horas de la tragedia, con la Argentina por las muertes Cromañón no apareció el de Londres? Hubiera sido un gesto de grandeza marcar la diferencia.

Hubiera sido otra diferencia, en más, suspender el acto de anoche en La Plata para lanzar la candidatura de su esposa, una fiesta de gozo inocultable, pero seguramente inoportuno. Hasta por el medro electoralista le hubiera convenido postergarlo y arrastrar a los demás candidatos a la moderación. Faltó de nuevo el golpe de vista.

La Argentina está exigida ante este tipo de hechos que conmueven. Sufrió los atentadosterroristas más importantesde la posguerra hasta las Torres Gemelas y le llegó la solidaridad de todo el mundo. También es una deuda con el resto del mundo que ya en dos causas -ETA y asesinato de un senador chileno- la Corte Suprema de Justicia en su actual integración haya sentenciado que este tipo de hechos no son crímenes de lesa humanidad y que por ello sus responsables pueden gozar del territorio nacional como un santuario del cual no serán extraditados. Al menos por eso se hacía necesaria ayer la palabra presidencial.

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