La fiebre por los escraches, la persecución a los adversarios políticos o a los que no piensan como ciertos sectores del oficialismo -aunque el gobierno jura desautorizar estas expresiones- se multiplicó ayer desde una cadena de mails para castigar, esta tarde, a varios personajes. Con la firma de «Mil por Cuba» circulaba un mensaje agraviante para los protagonistas de un seminario, en Sheraton, que esta tarde reunirá a Ricardo López Murphy, Marcos Aguinis, Bernardo Neustadt, entre otros, con el escritor cubano y exiliado Carlos Montaner. No sólo se ofendía a los participantes, sino que además invitaba a las organizaciones afines a concurrir al hotel para repudiar a los que allí habrían de disertar.
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Como en la Argentina abundan los profesionales de este ejercicio hostil y violento, piqueteroso no (a sueldo o no), es posible que se intente repetir lo que ya se hizo varias veces, primero contra la sede de algunas empresas y, ahora, con recurrencia, ante cada presentación de López Murphy. Claro que se trata de campañas intimidantes, de guardia de corps copiadas de las peores expresiones del nazismo o de la Cheka estalinista, que a través del insulto y el amedrentamiento pretenden marginar o exiliar a quienes piensan diferente. En este caso, además, se involucran los intereses cubanos de Fidel Castro, quien ni siquiera acepta protestas por los presos políticos en su país. Han empezado con las empresas, multinacionales, siguen con los políticos, también van por los periodistas.
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