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Marco Aurelio García, el responsable de la política internacional del Palacio de Planalto, fue enviado por Lula da Silva a La Paz. Pero antes pasó por Buenos Aires y se entrevistó con autoridades de la Cancillería para acordar los lineamientos de la gira boliviana. García se entrevistó el martes con el líder cocalero Evo Morales, en la residencia del embajador brasileño en Bolivia, Antonino Mena-Gonçalves.
Rafael Bielsa también envió a un emisario, más discreto. Isaac «Yuyo» Rudnik. Es el principal asesor que tiene en la materia Leonardo Franco, el subsecretario de Política Latinoamericana. Como en el anterior colapso boliviano, García llegó a La Paz con un argentino: Rudnik reemplazó para eso a Eduardo Sgüiglia, uno de los integrantes del círculo más estrecho de Bielsa por aquel entonces (Néstor Kirchner lo expulsó por no conseguir que Brasil aceptara una negociación conjunta con el Fondo Monetario Internacional). Sin embargo García, cuando visitó Buenos Aires el viernes pasado, puso una condición para la operación conjunta: «Hagamos todo en común menos aparecer juntos ya que la última vez que lo hicimos cayó el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada».
García es un profesor ilustrado, habla un español inmejorable, cultiva la ópera, lo que lo vuelve un viajero frecuente a Buenos Aires. A su propensión por las alturas teóricas servirá seguramente el background de «Yuyo» Rudnik: acompaña desde sus comienzos a Humberto Tumini y a Jorge Cevallos, líderes piqueteros de Patria Libre y Barrios de Pie. Su misión es ofrecerle a Bielsa una representación minuciosa del comportamiento de los movimientos sociales bolivianos, información a la que acceden con más dificultad los embajadores oficiales, como Horacio Macedo. Es el representante de Kirchner en Bolivia, designado a instancias de Eduardo Fellner, el gobernador de Jujuy.
Las conversaciones entre el brasileño García y los funcionarios de la Cancillería argentina concluyeron en varias premisas:
• El gran factor de estabilidad del presidente Carlos Mesa es la inexistencia de un grupo orgánico capaz de hacerse cargo del poder y estabilizar el país. No lo es, por supuesto, el presidente del Congreso, institución a la que Mesa ha venido involucrando en todas las
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