Para Esquivel, el Nobel no debe tener gusto a K

Política

Por una simple cuestión numérica, el gremio viviente de los ganadores del Premio Nobel siempre será más limitado que -por caso-el de los abundantes beneficiados con el Konex, el Martín Fierro o la Faja de Honor de la SADE. Además, si esa categoría se ciñera con exclusividad a los triunfadores criollos, sólo quedaría compuesta por Adolfo Pérez Esquivel, cuyas declaraciones serían automáticamente, de esa forma, expresión simultánea de la dirigencia y bases de ese sindicato unipersonal.

Y ayer, Pérez Esquivel salió a hacer oposición en materia de reconocimientos suecos. A desnudar la esotérica interna del Nobel. En declaraciones radiales, se manifestó contrario a la candidatura de las Abuelas de Plaza de Mayo al Premio Nobel de la Paz, encarnada en la persona de su presidente, Estela de Carlotto, y que fue presentada por el senador y ex ministro de Educación Daniel Filmus y aceptada por la Academia de Estocolmo.

No se trata, claro, de que el triunfador en esa misma categoría en 1980 hoy se oponga, ideológicamente, a la obra de las Abuelas, sino que -según dijo-«un gobierno siempre tiñe de interés político cualquier candidatura que proponga. Deben hacerlo las instituciones y organizaciones sociales». Filmus, a su manera, ya había abierto antes el paraguas, cuando manifestó en el Senado que su elección nada tenía que ver con el gobierno.

Para Pérez Esquivel, la Fundación Anahí con Chicha Mariani al frente -quien fue además primera presidente de Abuelas-habría sido una decisión más acertada, aunque no dejó de elogiar la labor de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, organismo este último que difícilmente pueda borrar, en Suecia, el recuerdo de las palabras de su presidente Hebe de Bonafini, cuando justificó el ataque de Osama Bin Laden a las Torres Gemelas. Una expresión de regocijo poco compatible con un Nobel de la Paz.

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