Para evitar una ruptura, Moyano compartirá el poder en la CGT
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Omar Viviani, Andrés Rodríguez, Luis Barrionuevo, José Luis Lingieri.
Hay un tironeo entre Moyano, que quiere que a las citas con Kirchner concurra el consejo directivo de la CGT, y el bloque crítico que reclama, tal como se acordó en mayo pasado, que sea la «mesa chica» la que funcione en los hechos como órgano mayor de la central.
En rigor, la conformación de ese grupo reducido fue la condición que posibilitó que la CGT vuelva a funcionar y que se reúna el consejo directivo, luego del escándalo del 17 de octubre en San Vicente, durante el traslado de los restos de Juan Perón.
Por el recelo de Moyano de darle protagonismo a la «mesa chica», Caló se trenzó en una discusión con el camionero y Omar Viviani. Subyacen las tensiones por la próxima conducción de la CGT, que se renueva a mediados de 2008, en la que Caló se anota para ser secretario general.
Como Ambito Financiero relató en su edición de ayer, el clima entre el moyanismo y el sector que impulsa a Caló se precipitó a partir de una visita del metalúrgico a la Casa Rosada que, en las cercanías del camionero, atribuyen a una gestión de Alberto Fernández.
-Ustedes me cuestionaban a mí y me decían que me cortaba solo. Pero miren lo que hizo Caló -se quejó hace días Moyano ante uno de sus colegas sindicalistas.
-Negro, vos no te podés quejar por algo que hiciste durante los últimos tres años -lo silenció el escucha al readaptarle el fundamento.
Por lo pronto, Moyano aparece condicionado: de los diez jugadores de la «mesa chica», al menos seis expresan disidencias con su conducción. Un detalle: los otros cuatro -el camionero Viviani, «Momo» Venegas y Roberto Fernández, de UTA- no actúan como bloque homogéneo.
Venegas y Fernández -que están lejos de repetir la simbiosis que su antecesor Juan Manuel Palacios tenía con Moyano- ayer no participaron de la ronda en UOCRA. Tampoco Omar Maturano, de la Fraternidad, a quien le vienen prometiendo un lugar, la butaca número 11.
Tampoco hay uniformidad entre los críticos, pero se han unido para limitar al camionero. Allí coinciden Caló, Barrionuevo, Lingieri, Martínez, Rodríguez y Vicente Mastrocola. Ayer ese bloque se movió en sintonía para exigirle a Moyano que insista con el pedido de audiencia con Kirchner.
«Hay mucha tensión, pero no hay voluntad de romper la CGT. No sería nada bueno en medio de una transición presidencial y cuando estamos a unos meses de que termine el mandato de Moyano», explicaban, anoche, desde el sector que no simpatiza con el camionero.
Esa línea fue la que, anteayer, también en UOCRA acordaron Rodríguez, Martínez, Lingieri y Mastrocola (una «mesa chiquita») para evitar que la cita engendre una crisis. Hubo, de hecho, una señal de que aun frágil la unidad perdura: se acordó una agenda para elevarle al gobierno.
Pero no todo es altruismo: la unidad cegetista se sostiene, también, sobre la necesidad de mostrar algún grado de homogeneidad para sentarse a pelear lugares en las listas de legisladores de octubre próximo. En eso, moyanistas y antimoyanistas aparecen juntos.
En las rondas sindicales se mencionan varias alternativas; entre ellas, Viviani sueña con una banca por la Capital, el marítimo Juan Carlos Schmidt por Santa Fe, Julio Piumato también por la boleta porteña y Juan Manuel Palacios por la provincia de Buenos Aires.




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