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A continuación, administró con final feliz tumultuosas sesiones senatoriales en las que se derogó la convertibilidad (o, dicho con mayor crudeza, se devaluó el peso) y, más adelante, se anuló la polémica figura de Subversión Económica, iniciativas imprescindibles para el Ejecutivo en las conversaciones con el Fondo. También capeó el temporal cuando arreciaban sospechas sobre un presunto pedido de coimas de legisladores a banqueros que derivó en pases de factura de entrecasa. Fue un verdadero escándalo.
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