Néstor Kirchner, por su parte, no cuenta con una estructura de mínima representatividad en el justicialismo cordobés. Suma sólo al sector del delasotismo, que definió su apoyo
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Córdoba (especial de «La Mañana de Córdoba) - El panorama electoral en Córdoba, deter-minado como en casi todo el país por el fraccionamiento del PJ y la UCR, tradicionalmente mayoritarias, muestra, sin embargo, un pronóstico con menos chances para sorpresas. La formal prescindencia de José Manuel de la Sota abrió el juego para una distribución (de la que no es ajena el gobernador) según los perfiles propios de cada referente.
El apoyo a Carlos Menem surge fundamentalmente del comando «Menem presidente-De la Sota gobernador», instrumentado por el cordobés y por Juan Carlos Romero, sobre la base de legisladores e intendentes con real poder territorial. Es el esquema más sólido en el interior provincial, con predominancia en el Sur (que incluye Río Cuarto, la segunda ciudad en cantidad de electores) y en el centro, y la casi totalidad de los intendentes del Norte, donde las poblaciones son menos densas y más dispersas.
El cuadro se completa en el distrito de la Capital, donde a la estructura puramente menemista con varios concejales y legisladores se suma Herman Olivero, el virtual vicegobernador provincial, que representa la mitad del PJ no menemista en ese distrito. A esto se agregan los dirigentes que responden directamente al ex presidente y la UCeDé provincial comandada por Germán Kammerath, que, además, traccionan sobre una fórmula propia y extra-justicialismo para la elección provincial fijada para el 8 de junio, aunque su permanencia y suerte está atada a los acuerdos que Menem priorice según el panorama nacional. Néstor Kirchner, por su parte, no cuenta con una estructura de mínima representatividad en el justicialismo cordobés. Suma sólo al sector del delasotismo, que definió su apoyo al candidato oficialista. En ese esquema, se insertan los senadores nacional Jorge Montoya y Beatriz Halac, el ministro de Obras Públicas, Carlos Caserio, y el viceintendente de la ciudad Capital, Adán Fernández Limia, como referentes máximos. No cuentan con adhesiones de peso entre los jefes comunales del interior y cargan con la «herencia» de un Kirchner que hasta hace 45 días no superaba 5% de intención de voto.
• Segunda línea
Tampoco Adolfo Rodríguez Saá logra el apoyo de referentes de peso territorial. Sólo el legislador Horacio Obregón Cano, identificado con el justicilismo, pero desde una estructura propia ( Nuevo Movimiento) de escala menor. Sin embargo, sí sostiene el sanluiseño una estructura con apoyo de dirigentes de segunda línea que traccionarán con mayor o menor suerte sobre todo en el interior provincial y en las poblaciones ubicadas en la línea limítrofe de Córdoba con San Luis.
En el caso de Ricardo López Murphy, que desde hace ya un tiempo muestra encuestas favorables, logra captar buena parte del voto radical de clase media. Esto, con mayor claridad en la ciudad Capital. De todas mane-ras, no logró que la estructura radical (conducida por el mestrismo) saliera frontalmente a apoyarlo, y, aunque por abajo le juran simpatías, a última hora hubo un llamado oficial del Comité Provincia a rechazarlo como expresión radical.
De todos modos, esto no implica ninguna posibilidad de mejora para Moreau, que seguramente pondrá al radicalismo en la peor (impensada por tratarse de una provincia verticalmente radical) elección de su historia. Por Moreau sólo se movilizan realmente en Córdoba las estructuras que responden a Carlos Becerra, Mario Negri y Fernando Montoya, con algunos intendentes alineados y la mayo-ría ofreciendo libertad a sus simpatizantes.
En función de esta situación es como las chances de Elisa Carrió de sumar una elección decorosa en Córdoba se amplían, ya que no todo el radicalismo de Córdoba corre por la vertiente liberal que capitalizará López Murphy.
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